Lucía se levanta temprano, antes de que el sol termine de asomarse por los ventanales de la mansión. Ha dormido poco, pero la presión por terminar los diseños de la próxima colección no le da descanso. Se sienta frente a una mesita que tiene en la habitación, con las hojas esparcidas por toda la superficie. Sus manos se mueven rápidas, seguras, dibujando líneas suaves, corrigiendo los últimos detalles. Entra en ese estado donde todo a su alrededor deja de existir. No escucha los pasos en el pasillo. Tampoco el sonido leve del picaporte girando. Solo cuando siente una sombra proyectarse sobre su mesa, se detiene. Sus dedos se quedan congelados sobre el papel. Levanta lentamente la vista y su respiración se corta. Adrián está de pie detrás de ella, observándola con esa expresión entre curi

