CAPÍTULO 44

2318 Words

Cuando llego a su altura, donde William espera, no dice una sola palabra. Simplemente extiende su mano firme, descubierta, y entrelaza sus dedos con los míos. El contacto es cálido, natural y absoluto. —¿Nos vamos a casa, Aisling? —pregunta en un murmullo bajo, con un tono que acaricia mis sentidos. Una sonrisa luminosa brota de mis labios. Asiento despacio, sintiendo que esa palabra —casa— ya no representa el espacio solitario y amurallado que solía ser, sino el lugar exacto donde late su corazón. El trayecto en coche hasta el edificio transcurre en un silencio cómodo, un espacio compartido donde las palabras no hacen falta porque todo ya ha sido dicho y perdonado. Miro por la ventanilla mientras los faros de los vehículos trazan líneas luminosas sobre el asfalto mojado, y mi pulso lat

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