POV CLARA El viaje de regreso a la casa de la manada se siente más largo de lo que debería. Hernán conduce en silencio, con una calma que no llega a contagiarme. Marina va en el asiento trasero y, aunque no lo dice, puedo notar su curiosidad creciente por todo lo que pasó esta noche. Cuando finalmente llegamos a la manada, la luna llena ilumina la enorme estructura ante nosotros. Debe ser la tercera vez que estoy aquí, pero aún me impresiona. Las luces en las ventanas están apagadas, señal de que todos ya duermen, y la tranquilidad de la noche parece envolvernos en su abrazo silencioso. —¿Esta es… la casa? —pregunta Marina desde atrás, con los ojos bien abiertos mientras baja del coche. Hernán le dedica una media sonrisa. —Es más grande por dentro. Ven, te mostraré dónde vas a dormir