Caminamos de la mano hacia aquella colina, mientras subimos noto que la vista es impresionante, un verdor rodea todo cuanto observo y algunos otros colores se mezclan ocasionando un bello arcoíris de flores. Las manos me sudan, solo ocurre cuando estoy demasiado nerviosa, incluso han comenzado a entumecerse, como si en vez de estar en un jardín de ensueño, estuviera a mitad del ártico. Aidan me ayuda a subir, sabe que me cuesta caminar en sitios inclinados o mejor dicho, que me canso demasiado rápido al ocupar más energía de la que mi cuerpo puede almacenar, siendo sincera no soy muy atlética que digamos, así que él prácticamente me jala hacia la cima. Una vez que llegamos, suelto un sonoro suspiro e intento que mis pulmones se llenen en el proceso. —¿Cansada?—cuestiona Aidan, pero no
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