Capítulo 1

2110 Words
Todo estaba oscuro, el vendaje sobre ojos no le permitía saber en donde estaba o siquiera si era de día o de noche. Lo único que sabia era que la habían secuestrado y que estaba lloviendo, podía escuchar las gotas de lluvia chocar contra el suelo. Desde que había llegado o más bien, desde que la habían atado a una silla en esa habitación, había tratado de soportar la frustración y la tensión que sus pensamientos le provocaban. Había llorado los primeros días, pensando que tal vez de un momento a otro alguien vendría y la asesinaría con una bala en la cabeza, pero eso nunca paso, solo la dejaron ahí, encerrada como si fuese un animal. Si bien, la habían alimentado y permitido ir al sanitario, de igual forma el trato no era del todo agradable, la piel de sus muñecas tenía varias heridas gracias a los intentos fallidos de aflojar las cuerdas y esas heridas se habían infectado por la falta de aseo que su cuerpo necesitaba. Tuvo fiebre elevada, pero nadie se dignó atenderla cuando lo necesitaba, en su soledad y sufrimiento, solo pudo pensar en su familia, en lo que sufrirían cuando lo supieran nada de ella o cuando encontraran su cuerpo sin vida. En cierto punto recordó al demonio que la había llevado al cielo en una noche, ese perverso político que la había comprado y que se había llevado su virginidad, pero a pesar de todo lo que paso a su lado creyó que tal vez ella era lo último en sus pensamientos. > pensó. Ese pensamiento no solo le destrozo el corazón sino también el alma y hasta en cierto punto las ganas de vivir. Solo en ese momento comprendió que un hombre como Julián jamás podría amarla al punto de salvarle la vida, después de todo solo habían compartido la cama, habían estado juntos, pero solo eso. Nunca habían salido en público tomados de la mano sin temor al prejuicio de la gente, todo había sido secreto porque su relación había iniciado de la misma forma. > continuo como si esos pensamientos le ayudaran a morir un poco cada vez que pensaba en lo tonta que había sido, se había enamorado de un hombre que tal vez nunca había sentido nada por ella. Un ruido la hizo despejar su mente, eran pasos no solo de una, sino de varias personas, escucho el sonido de llaves al chocar con ellas y luego un chirrido, como el de un seguro desgastado y oxidado que había sido retirado, luego un crujir como el de una puerta vieja que necesitaba un poco de aceite para dejar de sonar así. —¡Por dios, las vacas huelen mejor que esta vieja!—aludió la voz de un hombre al adentrarse. Ciertamente el hedor que se desprendía de su cuerpo era repugnante, pero después de una fiebre intensa, de sudar y de haber permanecido en un ambiente húmedo durante semanas,  nadie podía culparla. —Apresúrate a desatarla—le ordeno otro, este tenía la voz más gruesa y grave, era de espalda ancha y barriga inflamada. —Pero... —Pero nada, el patrón quiere verla y mírala como esta—se quejó—apesta igual que una vaca. Sintió jalones sobre sus muñecas, el movimiento provoco que sus cicatrices volvieran abrirse y sangraran un poco. Mientras aquel tipo liberaba sus extremidades, se preguntó que clase de hombre era aquel que la tenía viviendo de esa forma.  > fue lo primero que pensó, ninguna persona que se considerara decente le haría algo a una mujer solo porque sí. La piel se le erizó al creer que tal vez le harían algo, lo más fácil y menos doloroso fue una bala en su cabeza y en el peor de los casos, violarla hasta hacerla añicos. Ese pensamiento le hizo luchar una vez que sintió sus manos y pies libres. —¿Qué crees que haces, perra?—exclamo el de voz grave colocándole la pistola en la cabeza, eso le hizo reaccionar, se quedó quieta y permitió que ambos hombres la tomaran por los brazos para levantarla.  Sus pies tropezaban a cada rato al no poder ver el camino, así que tuvo que depender que aquellas bestias para poder mantenerse en pie. De un momento a otro sintió sobre su cuerpo gotas de agua que caía una a una y la empaparon por completo. Ambos hombres caminaron por mucho tiempo y no importo cuanto se mojaron bajo la lluvia, aun así continuaron hasta que Camila comenzó a escuchar sonidos de animales, vacas y caballos, eso fue lo que ella alcanzó a oír. —Brutos animales—bufo la voz de una mujer—les dije que se llevaran un paraguas, miren como vienen. Mancharán la alfombra con sus zapatos llenos de lodo. —No voy a seguir órdenes tuya, maldita piruja—se quejó el hombre. —Imbécil. Camila sintió como continuaron arrastrando su cuerpo por el lugar, al menos había dejado de mojarse y intuyo que había calefacción porque su cuerpo no se estremeció. Mientras avanzaba percibió bajo sus pies tal vez el piso era losa o solo cemento, ya que se escuchaban sus pasos, los de ambos hombres y los suyos. El camino le pareció interminable, pero en su momento no le importo, realmente no quería llegar y conocer al hombre causante de todo el sufrimiento que había pasado, pero al fin de cuentas llego. —¿Qué es lo quieren?—pregunto otra voz masculina. —El patrón mando a traer a esta vieja. Aunque no podía ver gracias a la venda en sus ojos, ella supo que las miradas de los hombres a su alrededor estaban posadas en ella. Segundos después sintió como su cuerpo avanzaba al interior de otro lugar, una habitación donde ya la estaban esperando.  Repentinamente sintió como arrojaban su cuerpo hacia el suelo, aunque al caer sintió la textura de una alfombra no fue suficiente para detener el golpe que se dio sobre la mejilla por el repentino movimiento. Se quejó e intento levantarse de su sitio tan rápido como había caído, pero al hacerlo sintió nuevamente algo sobre su cabeza. Aquel hombre le había vuelto apuntar con su arma. —¿Adónde crees que vas?—se burló el hombre, realmente le agradaba su trabajo si es que a eso se le podía llamar trabajo, hacer sufrir a la gente o más bien creerse superior solo por tener un arma. —Jacinto— se escuchó la voz de otro hombre, era mucho más grave y severa, Camila dedujo que aquel era el hombre a quien debía temerle de verdad— ¿Qué crees que haces? —Es para tenerla quieta, patrón—explico el otro. —No es necesario apuntarle, Jacinto. Creo que la tipa es lo suficientemente inteligente para saber que de aquí no hay salida Camila se encogió, esta vez si pudo sentir escalofríos y no precisamente por el frío sino por miedo. ¿Qué planeaban hacerle esas personas? —Quítale la venda, quiero verla. El tipo detrás de ella le jalo el pedazo de tela de la cara tan fuerte que termino rasguñándole la frente, era un bruto, pero uno que obedecía órdenes y por ellos aún seguía ahí. Apretó con fuerza los parpados, había estado tantos días sin ver ni una sola luz que sintió que la tenue iluminación de la habitación le cegó la vista. Tardo varios segundos para que sus ojos se acostumbraran a lo que había frente a ella, al principio solo vio sombras oscuras y blancas. —Así que tú eres la perrita de Juliano—expresó con asombro se acercó a ella y la obligo a levantar el mentón para poder observarla mejor. No obstante, Camila no pudo ver claramente la cara del tipo frente a ella, ya no era una sombra oscura sino más bien una figura borrosa de varios colores. —Vas a ayudarme a que ese hijo de puta mal agradecido regrese a este lugar,  si es que quieres seguir respirando—alego el otro con alegría, pero Camila no entendió a que se refería. >>pensó. Intento hablar, pero la cinta en su boca no se lo permitió, necesitaba decirles que se habían confundido de persona, ella no conocía a nadie con ese nombre. —Deja que hable, quiero saber que es lo que tiene que decir al respecto—le ordeno a su subordinado. Este saco un cuchillo que tenía arraigado a su cinturón, nunca salía sin esa cosa y luego corto la cinta por detrás, estaba tan afilado que no tuvo que hacer mucho esfuerzo para dividir la cinta para poder despegarla de Camila. Ella se quejó a sentir la piel de su rostro ser rasgada por la cinta adhesiva y luego se llevó las manos a la cara para tratar de aliviar el ardor.  —¿Quién...?—lo dudo, esa parte suya que deseaba sobrevivir le advirtió que hacer esa pregunta bien podía molestar al hombre frente a ella, pero aun así tenía que hacer el intento— ¿Quién es Juliano? ¡Yo no conozco a nadie con ese nombre! Escucho risas a su alrededor, intento parpadear varias veces hasta que sus ojos por fin lograron ver con más claridad. Frente a ella se encontraba un hombre de cabellera oscura, de barba y bigote, alto y fornido, pero con expresión sombría y aterradora. —Vaya que tienes valor, zorra—se atrevió a darle una bofetada en el rostro, él no tenía tiempo para sus tonterías—¿Acaso no recuerdas con quien te has estado acostando últimamente? —Se equivoca su nombre es...—lloriqueo, se preguntó si a quien se referían era a Julián y tan solo estaban confundiendo su nombre— su nombre es Julián Cazares y es un diputado reconocido, no se a quien estén buscando, pero seguro que no es él y tienen a la persona equivocada. —Claro que es él, estúpida—insistió  ¿Crees que no sé diferenciar al dueño de todo lo que tus mugrosos ojos ven? Camila se contuvo de pronunciar otra palabra, sabia que cualquier cosa que sus labios pronunciaran terminaría por enfadar a su captor y eso era lo que menos quería. —No importa—aludió tratando de controlar la ira de su voz, no llegarían a ningún lado si continuaba discutiendo con ella— te propongo un trato si es que insistes en que nos equivocamos. Te dejaremos ir una vez que hagas un trabajo para mí. —¿Qué clase de trabajo?—respondió Camila al encontrar una esperanza, claro que no confiaba en sus palabras, si de algo estaba segura es que la matarían una vez que hiciera todo lo que aquel hombre le ordenara, pero tal vez podía hallar una forma de salir de ahí viva. —Solo debes transportar algo de lana. —¿Dinero?—pregunto en voz baja—¿Eso es todo? —Asi es, una vez que lo entregues podras irte. —¿Como puedo confiar en que cumplira con su palabra? —¿Acaso quieres un maldito contrato o que?—se quejo harto de la insolencia de Camila— confia en mi, no hay hombre mas confiable y honrado que yo. ¿No es cierto? —Claro, patron—respondieron al unisono los hombres detras de ella.  —Esta bien, lo hare—asintio para confirmarlo. Sabia que estaba por meterse en la boca del lobo, pero no tenia otra alternativa si queria volver a ver a sus padres. —Muy bien, ahora levantenla del suelo, no podemos tratar nuestra nueva empleada de esta forma ¿Cierto? Nuevamente se escucharon risas, estaban jugando con ella al igual que estaban jugando con su vida. Intento evitar mirarle a los ojos, la habia humillado bastante como para querer verlo de frente. —Llevenla a descansar a una habitacion mas apropiada para ella—finalemnte dijo, pero Camila solo imagino una habitacion igual o peor de la que habia estado viviendo los ultimos dias o semanas ya ni siquiera sabia cuanto tiempo habia estado bajo su merced. Esta vez ya no la ataron, amordazaron o venderon los ojos, solo la tomaron del brazo y la condujeron hacia afuera, ella miro de reojo al tipo al que todos se referian como "El patron" habia girado sobre su escritorio de cristal para tomar el telefono y decir: "Ya todo esta listo, señor. En pocos dias él cruzara la puerta principal, no se preocupe"
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