—Hola —lo saludo, nerviosa. Mis mejillas arden al recordar que llevo puesta su chaqueta—. ¿Vienes por tu chaqueta? —me muerdo el labio, avergonzada. Él sonríe y sus ojos brillan con una intensidad que me provoca algo inexplicable. —No. En realidad pasaba por aquí y quise entrar a preguntar; ¿cómo sigue tu hermana? Mientras habla, noto las pequeñas marcas que se forman alrededor de sus ojos cuando se ríe. Son… encantadoras, resaltan su mirada pícara. Sacudo la cabeza para apartar ese pensamiento antes de que se me note demasiado lo mucho que llama mi atención. —Está mucho mejor, ha estado descansando —explico, retomando la conversación. —Me alegra, es la mejor manera de recuperarse —asegura con esa voz tranquila que parece controlar a la perfección. No sé por qué estoy tan nerviosa

