Decidí, por el bien de mi pequeño Arty, que ya no volveríamos a ese departamento, a pesar de que había una patrulla de policía vigilando el edificio. Nos quedamos en nuestra habitación de hotel, uno que no estaba muy lejos del departamento y del hospital para poder visitar a mi pequeña. Lo cierto es que en un hotel la rutina era menos pesada que estando en casa, donde yo tenía que encargarme de mi propio cuidado, de las comidas y también de los gastos; los cuales no eran tantos, pero después de una época sin generar ganancias, tenía mucho que cubrir. Al menos así había sido mi vida antes de la herencia que ahora estaba a mi nombre; sin embargo, ser madre soltera no era para nada fácil. Estar completamente arreglada, vestida y bien bañada se había convertido en un martirio que no había com

