Habían pasado tres días desde la audiencia. Durante ese tiempo, la abogada de Arthur me había contactado para finalmente entregarme una autorización que debía presentar en el banco para que liberaran las cuentas de Arthur y las traspasaran a mi nombre. Estaba contenta de ya no tener que vivir al día con lo poco que tenía; ahora podría vivir de forma holgada, tal como lo había hecho cuando me casé con Arthur. Darmecuentade que él había pensado en mí antes de morir me causaba cierta aflicción. Un hombre como Arthur era difícil de olvidar. Sí, había sido un imbécil, pero con el pasar del tiempo había cambiado y me había demostrado que el amor realmente transforma a las personas. Estaba en el banco, un lugar bastante silencioso para mi gusto, y tuve tiempo para pensar si lo que estaba hacien

