Movía los dedos nerviosa, quizás porque había pasado mucho tiempo desde que me había ido a parar a ese lugar, a la casa donde alguna vez había sido feliz, o quizás porque temía que me hubieran seguido y que, al momento de dejar a mi hijo con la señora Martha, aprovecharan mi ausencia para llevárselo o incluso algo peor. Esa mañana, justo al pagar la cuenta del hotel, había pensado que lo mejor era dejar a mi hijo en un lugar donde estuviera a salvo mientras yo solucionaba todos mis pendientes, así que le marqué a la señora Martha para concretar una cita donde pudiera entregárselo y explicarle el porqué estaba haciendo todo eso. Por supuesto, la iba a preocupar, pero a estas alturas ya no importaba. —¡Christine! —pronunció mi nombre para llamar mi atención. Venía caminando, y es que su ca

