Me miró con los ojos bien abiertos, completamente en shock. Balbuceó: "¿Q–Qué acabas de decir?" "Lo oíste clarito", solté sin rodeos. Su rostro se torció de pura furia, como si estuviera a punto de lanzarse sobre mí. Más le valía no hacerlo. No iba a caer tan fácil. Como no se movió, me di la vuelta y me fui. Por dentro rezaba para que no me siguiera. Pero claro, con mi suerte, ni soñarlo. Parecía que todo el universo se había puesto en mi contra. "No vas a dejarme", rugió Alexander, atrapándome la muñeca con lo último que le quedaba de fuerza. No quiso soltarme. Su agarre era fuerte, lo justo para mantenerme ahí, pero sin llegar a lastimarme. No me inmuté. Ni un parpadeo. Lo miré directo a los ojos y solté: "Suéltame". En la esquina de sus ojos brilló un destello

