Los labios de Alexander dibujaron una sonrisa helada, cargada de amenaza y seducción. "No hay prisa, compañera. Ya deberías saberlo: eres mía desde hace rato." Un nudo me retorció el estómago. Sabía que se refería a nuestro pacto, pero su tono me puso en alerta. Reprimí como pude el calor interno que se encendía en mí y logré decir en voz firme: "Quiero detalles." Lucien se quitó el abrigo con movimientos lentos pero elegantes. Esa espalda ancha marcaba cada línea de sus hombros, y me dio un vuelco el pecho. Dejó una carpeta manila frente a mí y, al acercarse, su cara quedó muy cerca de la mía—podía sentir su aliento acariciándome la piel. Alcancé la carpeta por puro instinto, mis dedos temblaban al tocar el papel. Fotos. Imágenes de cámaras de seguridad. Pruebas de una trans

