El camino de regreso a los aposentos se extendía bajo un cielo tapado de nubes grises—de esas que amagan con explotar pero nunca lo hacen. Los cascos de mi yegua marcaban un ritmo constante. No voy a mentir, ver la cara de Alexander al quedarse mudo con lo que le dije... fue como una brisa fresca para el alma. Guardé bien el sobre que Kane me entregó por orden de Alexander. Total, tenía que hablarlo con Lucien apenas llegara. "Estuviste genial enfrentándolo," comentó Kaya en mi cabeza con ese tono tan suyo. Como estaba de buen humor, me dio por molestarla. "¿Y no eras vos la que desapareció del susto cuando lo viste?" "¡Por favor! ¡No desaparecí ni ahí!" respondió indignada. "Estuve escuchando todo, vi cada mueca que hizo cuando lo dejaste callado… ¡Se lo merece!" Solté un

