Ver a Dana por el club, tan perdida pero tranquila, me da un extraño sentimiento de satisfacción. Lleva casi dos meses aquí y ya no sé ni qué tipo de persona soy. ¿El hijo de puta que llevo siendo años con todo el mundo o el idiota que se ablanda con ella? j***r, ¿en qué momento ha pasado esto? —¿Killian? —asoma la cabeza por la puerta de mi despacho, con las gafas sobre la nariz y un gesto dubitativo. —Dana —de repente me siento más relajado, hace que me importen menos los problemas—. ¿Qué pasa, guapa? —Ah... Sí, es que... Cerrando las carpetas sobre mi escritorio, me reclino en la silla echándome atrás. Dejando espacio para que venga a mi. —Ven aquí. Algo más confiada pasa dentro, meneando las caderas en esos vaqueros que le aprietan el culo... Qué locura de mujer. Cuando se plant

