Por la tarde Killian me lleva a la consulta del doctor y alllí me hacen una revisión de la vista tan minuciosa que me siento un bicho de laboratorio durante media hora. Al final salgo con unas gafas nuevas y viendo el mundo completamente diferente.
—¿Cuántos años tienes? —le pregunto a mitad de camino.
No sé casi nada de él y es raro. Es como si me estuviera enamorando de una sombra.
—¿A qué viene eso? —duda.
—Curiosidad.
Me mira y vuelve a la carretera. Vamos demasiado rápido, como siempre.
—Veintinueve.
¡¿Veintinueve?! Wow.
—Pensaba que eras más joven.
—¿Me estás llamando viejo? —bromea y me aprieta la rodilla haciéndome reír.
—¡No! —me río—. Los llevas bien.
Verlo sonreír es algo que pasa pocas veces y me gusta disfrutarlo.
En el club está Roy, he hablado con él casi todos los días aunque por pocos minutos y no sé muy bien qué hacer cuando nos encontramos. Killian nos deja solos porque tiene cosas que hacer de la banda y nosotros nos hacemos en la cocina para hablar a una distancia prudente.
Es la primera vez en mi vida que escucho sobre las cosas que hacía cuando era pequeña.
—Iba a verte cuando Carl no estaba y eras igual que ahora, con tu pelo rubio y tan animada... Te pasabas el día corriendo cerca de la piscina de la mansión y un día te tropezaste con unas sillas y te caíste a la piscina. Casi me da algo pero te estabas riendo cuando te saqué. Fue de las últimas veces que te vi.
Me aprieta el corazón. A pesar de su apariencia no puedo evitar compararlo con Killian: intimidantes pero buenos hombres. Me hubiera gustado tener más contacto con él.
—¿Y mi hermana Jess? ¿La conoces?
—Ah sí.
—¿Sabes como está ella ahora?
—No me interesa esa familia, Dana. Me interesa lo mismo que a Killian: que paguen, que devuelvan sus mierdas y olvidarme de ellos. Ya nadie hace tratos con ellos, solo están esperando las devoluciones. —Lo entiendo—. Me hubiera gustado enseñarte algo. ¿Sabes usar un arma?
¿Un arma? ¡Yo no quiero aprender eso!
—No hace falta, gracias. —Y lo pienso—. ¡Oh! Pero no sé conducir.
Lo veo sonreír y hasta en su sonrisa veo cosas mías.
—Puedo hacer eso. Mañana, quizás.
Poco a poco me acostumbro a él.
—Mañana no puedo. Killian quiere que vaya con él a una reunión.
Se le frunce el ceño y se inclina sobre la mesa con el cuerpo tenso.
—¿Ese c*****o va a llevarte allí? ¿En qué coño piensa? —brama.
—¿Tú sabes lo que es?
—Una reunión de bandas y gente, gente como Carl y tu madre que hacen tratos con nosotros. No deberías estar allí.
Eso no me pone menos nerviosa. Es mañana y no sé si quiero volver a verlos, a ellos y a Jess, o tal vez sí porque ahora me siento mejor que en toda mi vida. Y estaré con Killian. No puede pasarme nada malo con él.
Miro por la ventana de la cocina, ya es de noche y ha llegado gente al bar, la música llega hasta aquí y aun así puedo escuchar un pequeño jaleo fuera de la cocina y antes de que Killian entre vestido de n***o y con su aura cargada de una pesadez potente.
—Tengo que irme —dice y le hace un gesto a Roy—. Es hora de que te marches.
—¿Qué pasa? —dudo.
—Cosas nuestras —me responde y se acerca hasta que su espacio personal se hace mío también—. Sube a mi habitación. No puedes quedarte aquí sola.
—Voy con vosotros —dice Roy y coge su chaqueta del respaldo de la silla.
—No eres parte de esta banda.
—Pero mi hija está aquí. No voy a discutir eso.
Tener un padre así... Ojalá lo hubiera sabido, ojalá me hubiera protegido así antes.
Killian resopla y su mano se apoya en mi espalda para que me baje del taburete. Otros chicos ya están listos para irse y no me gusta nada, me pone los pelos de punta y eso que ni enterada estoy de sus cosas. Killian me lleva hasta su habitación, hasta la que es suya, no a la mía.
—¿Está todo bien? —curioseo.
—Cosas de la banda. Quédate aquí.
—Ten cuidado, ¿vale?
Aunque asiente, no me lo creo. Y por primera vez soy valiente, valiente o estúpida, pero me acerco a él y poniéndome de puntillas lo beso. Es un mero roze de mis labios contra los suyos antes de sentir como su mano me aprieta por la nuca profundizando el beso. Son unos segundos intensos que me dejan agitada cuando se va.
Por la mañana, Killian está tumbado a mi lado, boca abajo en la cama con la cabeza aplastada en la almohada y uno de sus brazos echados sobre mi cintura. Pesa y me da una extraña seguridad, pero escucho a Andrea llamando a la puerta del cuarto contiguo.
—¿Dana? Abre. Tenemos la cocina libre para hacer el desayuno.
Con pesar me aparto de él y me aseo un poco en el baño antes de salir. A Andrea casi se le cae la boca al suelo.
—¡¿Pero qué haces ahí?! —grita en un susurro y me arrastra a la cocina—. ¡Vais enserio!
—Solo estábamos dormidos, nada más.
Hacemos el desayuno para todo el club, cuando van bajando los chicos se lo zampan todo y esta vez no hay nada que sepa a futura intoxicación. Cuando ya casi no queda nada y cada uno se va a hacer sus tareas, yo me pongo a hacer más brownies para cuando Killian se levante.
—Te gusta demasiado —asume Andrea—. ¿Nos vemos a las cinco en tu habitación para maquillarte para la reunión y todo eso?
—Vale.
Me quedo sentada en el suelo viendo como la masa de brownies sale. Solo me levanto para poner la cafetera y dejar el café recién hecho.
—¿Por qué estás ahí sentada?
Levanto la cabeza y su cuerpo tan grande me hace sombra. Me ofrece la mano y no tiene que hacer mucha fuerza para levantarme.
—Estaba vigilando el desayuno. Se lo han comido todo y no queda nada para ti. Y ya ha salido el café.
Me pongo de puntillas para coger una taza y Killian se me pega a la espalda. Me gusta sentirlo tan cerca, me gusta como sus brazos me rodean y como su cabeza se hunde entre mi pelo rubio para besarme el cuello. Me hace cosquillas y me hace reír.
—¿Intentas intoxicarme? —bromea.
—¿Yo? Jamás. Sino todo el club ya estaría por los suelos.
Dejo la taza en la encimera y Killian me sienta en la encimera metiéndose entre mis piernas. ¿Cómo no me va a gustar? Sin contenerme mucho levanto la mano hasta su barba incipiente. Sus manos se aprietan en mis muslos.
—Eres mía, ¿lo sabes?
—Temporalmente. Cuando tengas lo tuyo voy a tener que irme.
—Tú eres mía, y lo que me deben también. Me voy a quedar con todo.
Me gusta como suena eso. Vivir aquí me está gustando, me lo paso bien, conozco gente y está Killian. Y Killian me gusta mucho.
—Me parece bien —admito.
Nos damos un beso tan ligero que parece que lo he soñado. Puede que sea soñado. Por fin, fuera de la mansión, puedo soñar más cosas, no sé si puedan realizarse pero tengo más oportunidades.
---
Me paso horas dejando que Andrea me maquille y me alise el pelo. Y me presenta un increíble vestido rojo que me llega hasta los tacones rojos que me deja.
—Son tuyos. Te los compré el otro día pero me lo guardé yo para que fuera una sorpresa. ¡Mira qué bien te queda! ¡A Killian le va a dar algo!
Yo jamás me había visto así vestida. Tan elegante y atractiva. El vestido tiene un gran escote en la espalda y uno no tan pronunciado en el pecho, tampoco tengo mucho que enseñar, soy muy normal, pero me veo anormalmente increíble.
Llaman a la puerta y el corazón se me pone en la boca. Sé que es él antes de verlo vestido de traje con un cigarro entre los labios. Andrea se ríe y le da un toque en la mandíbula.
—Que no se te caiga el cigarro a ver si vamos a salir ardiendo —burla de él—. Os dejo solos, tortolitos. ¡Pasadlo bien!
Killian cierra la puerta detrás de él y me siento una presa ante su mirada.
—Espero que lleves esa lencería roja debajo del vestido.
Lo hago. Con una pequeña sonrisa camino hasta él y me ofrece su mano.
—Estás muy guapa —añade y si no fuera por el maquillaje vería lo sonrojada que me pone, a juego con mi pintalabios.
—Tú también estás guapo.
Sus labios se aplastan en mi cabeza y deja de fumar para montarnos en su deportivo. El viaje se me hace muy corto, casi no puedo hacerme a la idea de a dónde vamos hasta que ya estoy de pie en mitad de un club social rodeada de bandas y de gente con mucho dinero. Incluidos mis padres y Jess.
—Vienes demasiado guapa para estar rodeada de esta escoria —salta una voz que pronto se nos une.
Roy. Con la camisa del traje planchada a la perfección y el pelo rubio recogido en un moño. Va... guapo. Aunque aquí el más guapo es Killian.
—Está conmigo, no le va a pasar nada —le dice Killian y me aprieta más cerca de él, de su seguridad.
—Más te vale porque de lo contrario vamos a tener muchos problemas, pequeño hijo de puta.
—No me jodas tanto.
—¿Podéis no discutir tanto? —pido.
Me subo las gafas por el puente de la nariz y los veo acercarse. No parezco ni yo misma y veo sus reacciones a mi nueva yo de esta noche.
Tengo el presentimiento de que algo no saldrá bien y de repente me quiero marchar.