KILLIAN La vida me ha dado un giro tan radical que, a veces, siento que si parpadeo demasiado fuerte, todo esto se va a desvanecer como el humo de un cigarro. —¡Pa...! —¡Papá! Se dice «papá» —Sofía, mi hija mayor, me mira con esa mezcla de impaciencia y autoridad que solo ella posee. A sus seis años, tiene una lengua viperina y una determinación que, no puedo evitar sonreír al pensarlo, ha heredado directamente de mi ADN. Dana, sentada al otro lado del sofá con sus gafas de lectura posadas sobre el puente de la nariz, me observa con esa media sonrisa que me desarma cada vez. Dios, las quiero. Es un sentimiento físico, casi doloroso, una presión constante en el pecho que me recuerda que, a pesar de todo el caos de mi pasado, he construido un refugio. Sea como sean, son mis niñas, mi mun

