A la mañana siguiente, Wendy despertó temprano. El sol apenas comenzaba a dar los primeros rayos de luz y Vincent dormía profundamente a su lado, con el ceño relajado. Ella se incorporó con cuidado, tratando de no mover demasiado el colchón, Vincent era un hombre trabajador, dedicado y eso le quitaba gran parte de su energía y tiempo, así que Wendy en verdad no quería despertarlo. —No te despiertes —susurró, más para ella que para él. Salió de la habitación y fue a la suya a alistarse, al terminar, se sorprendió al ver que Vincent seguía dormido. Tomó su bolso y bajó a la cocina, la casa estaba tranquila, con ese olor a café recién hecho que siempre parecía esperarla. Vincent Priego vivía cómodamente, cualquier mujer estaría feliz de vivir con él, así que ella planeaba hacerlo feliz.

