—Haz que la noticia se vuelva viral —ordenó con una amplia sonrisa en cuanto se estableció la llamada. Al colgar, soltó una carcajada. —Hoy es mi día de suerte. Vio a un sirviente camino de la cocina y lo llamó. —Oye, tráeme vino. Tengo que celebrar mi victoria. El hombre asintió y regresó poco después con una botella de vino tinto y una copa. —Trae otra copa, idiota. ¿Estás ciego? ¿No ves que somos dos? El sirviente se disculpó y se apresuró a buscarla. La señora Haward llenó ambas copas y le ofreció una a Mirenda, que la aceptó sin decir nada. Era cierto que había apoyado a su madre para que las cosas llegaran tan lejos. Su abuelo había muerto, Jason y Julia estaban fuera de la casa, y James, aquel mujeriego, se haría cargo de la empresa. Aun así, no podía evita

