ALEK NOVIKOV La ira crece lenta, densa, caliente en el pecho. No quiero darle el gusto de verme derrotado y tener que ir hasta allá y acercarme como un perro obediente a cumplir su capricho. No puedo poner en evidencia que esa mujer del carajo que me espera en Norteamérica, de verdad me importa. Él me está probando, lo conozco. Está midiendo cada una de mis reacciones y yo, debo actuar con cautela para que él no obtenga de mí lo que quiere. Meto el anillo de mi madre en el bolsillo y dejo las manos allí. La sonrisa que pongo en mi cara es ensayada, cuidadosa y me acerco a él. —Lo único que no quiero, padre. Es que por querer eliminar a alguien que crees que me está distrayendo, termines por arruinar toda una operación que me ha costado meses, ¿solo para qué? ¿Darme una especie de lecc

