ANDREA ROUGE La puerta se cierra detrás de él con un clic seco y yo, me quedo quieta unos segundos, escuchando cómo sus pasos se alejan por el pasillo hasta desaparecer por completo. Recién entonces respiro. El silencio de la oficina se siente distinto cuando él no está. Menos peligroso. O tal vez más. Miro mi ropa tirada sobre la silla o lo que queda de ella y justo ahora me pesan las decisiones que he tomado. No soy una mojigata que va a arrepentirse. Me ha dado la follada de la vida, solo una, en mi lista, podría competir con esta. Sacudo mi cabeza para centrar mis pensamientos. No estoy para estar pensando y arrepintiéndome de mis errores. Lo hecho, hecho está. Ya después pensaré en cómo solucionar esto. Solo soy un capricho para un riquillo que anda en malos pasos. ¿Peligros

