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1703 Words
(Narra Dante Sartuori) Podía percibir olores repugnantes, perfume barato de mujer, cigarrillos de mala calidad, vino carente de sabor. Todo era en su mayoría asqueroso, claro, típico de este pueblo. Estaba en un restaurante, que aparentemente era de los más prestigiosos de Green Cold, Adolph estaba teniendo una reunión "secreta" con sus extremidades, así los llamaba. Eran cuatro sujetos prepotentes que le lamerían el culo si se los pidiera. Dos brazos y dos piernas, todos importantes para él. Konrad, mi "niñero", me vigilaba desde el otro lado de la mesa, mientras que Adolph charlaba con sus cuatro perros en otra. El teléfono en mi bolsillo comenzó a timbrar por sexta vez en el día, era Melissa…Esa mujer, tan solo llegar y se me había pegado como sanguijuela. Ignore una primer llamada pero volvió a llamar, supe que esa estúpida no iba a dejarme tranquilo. ― ¡Dante, cariño! Hasta que me respondes. ― ¿Qué? ― Le respondí con un tono que dejaba claro que no quería hablar con ella. Había llamado varias veces en el día y seguía insistiendo. ― Recuerdas a esa…― Siseó con petulancia. ― Perra de Rowan. ― ¿Quién? ― La que te golpeo ayer, a la que le dijiste que se iba a arrepentir. ― Sí. ¿Qué hay con eso? ―Bueno… Me tome la libertad de darle una lección en tu nombre. Maldita sea. Melissa era atractiva y esa era la única razón por la que captó mi atención en un principio, pero no tarde en darme cuenta que solo era una de esas chicas fáciles y vacías, carente de amor propio. Ahora sabía que la chica del día anterior era Rowan. La había seguido simplemente por curiosidad, la había molestado para saber hasta que limites podía soportarlo. Esa chica se me había metido en la cabeza como aire en los pulmones, cuando pensaba en ella me sentía incómodo, casi molesto. Y no era por aquel golpe que me dio el primer día, simplemente sentía un pitido en los odios cada vez que veía su cara, el sonido se intensifico cuando vi su cabellera. Me sentía molesto al verla sonriente cuando charlaba con su amigo el mudo marica, ese brillo en sus ojos que la hace ver viva, su maldita cabellera larga y avellanada. Me recuerda algo, pero cuanto más lo pienso, más me molesta, por consiguiente la que me molesta es ella. O a esa conjetura llegue después de darle tantas vueltas al maldito asunto. Melissa era una estúpida, había decidido hacer algo que no le correspondía, no quise dejarla entrar en detalles. Así que le colgué el teléfono. Exhalé para intentar contener la irá, si bien Rowan me molestaba, nadie más que yo podía meterse con ella. Era mi presa. Mientras pensaba en todo eso, vi como una silueta delgada y pequeña pasaba frente al restaurante. Era Rowan. En todo el día no había acudido al instituto, era una pérdida de mi tiempo. No sabía que carajos había hecho Melissa, pero tenía que averiguarlo. Me levante y me dirigí a la entrada. Necesitaba saber hasta qué punto había llegado Melissa. ― ¿A dónde va joven, Dante?― La voz de Konrad sonó a mis espaldas. ―Eso no te importa, Konrad. ―Su padre se molestara.― Claro, "mi padre" sonaba tan de mierda que lo nombraran así. ―No me interesa lo que piense Adolph. Salí sin importarme lo que hiciera Konrad. Seguí a Rowan por las calles, no se percató de mí, estaba ida. En algún momento lo hizo, pude sentir su desesperación, prácticamente escuchaba los latidos acelerados de su corazón. Comenzó a correr, pero la alcance con facilidad. La tome de un brazo y tire de ella hacia mi dirección. ―Necesito que me expliques que mierdas ocurrió en el instituto, conejita. ― Fue demasiado tarde, la palabra salió sin que me lo pensara. Cada vez que le veía el rostro solo podía pensar en que su aspecto era como un conejo. ― ¡No me toques! Y no me llames "conejita." ― Yo te llamo como quiero. ― No me gustaba que me dijeran que hacer o que no. ― Ahora respóndeme, ¿Qué mierdas paso? ― ¡Aléjate! Me das asco.― Cuando me gritó y trato de alejarse sentí como me hervía la sangre. Aunque no tuve tiempo de responder. Adolph apareció, el infeliz ni siquiera hizo ruido. ¿Cuánto tiempo llevaría escuchando todo? Para darle a entender a Rowan que el asunto no había terminado, le dedique una “Esto no ha terminado”, antes de dirigirme a Adolph. ― ¿Qué haces aquí? ―No me hables así, hijo.― El infeliz me llamo hijo, odiaba que lo hiciera, no disimule en ocultar mi cara de repulsión. ―Disculpa a la bestia de mi hijo, no tiene modales.― Dijo dirigiéndose a Rowan. Y que volviera a usar el término "hijo", acrecentaba mis ganas de arrancarle la cabeza. ―No...Yo, bueno el...Lo siento.― Balbuceo torpemente. ―Tranquila, no pasa nada y no te disculpes. No te lastimaremos.― Dijo Adolph a lo que Rowan respondió poniendo cara de estúpida.― Mi nombre es Adolph Sartuori, soy el padre de este idiota. ― ¡No te metas, Adolph! ¡Es asunto mío y de ella...― Antes de que lograra terminar mi frase, el perro me dio un golpe en la cara. ―No te atrevas a ser tan despectivo, ¿Eso te he enseñado?― ¡Quería matarlo! Era lo único que pensaba. ― ¿Cuál es tu nombre, querida?― Preguntó. ―Soy Annie, Annie Rowan. ―Un gusto, Annie. Puedes retirarte. Yo me encargo desde aquí. Disculpa a mi hijo. Y tu...― Me miro, tomó mi cuello y lo inclinó.― Pídele disculpas. Ahora. Mis entrañas ardían de rabia, no quería disculparme con ella, no después de que dijera que le daba asco, pero Adolph uso la voz de Alfa, así que aunque no quisiera era una orden que no podía resistir. ―Lo siento.―Dije finalmente. Rowan se marchó, no sin antes darle las gracias a Adolph. La vi alejarse con impaciencia, pero la humillación que pase, se la cobraría y caro. Por si no te ha quedado claro, soy un hombre lobo. Adolph, "mi padre", es el Alfa de la manada. Hace poco tuvo problemas con los rusos, así que vino aquí, a Green Cold, a buscar nuevos miembros que lo apoyasen, tengo entendido que la manada de su hermana está aquí y, que ella es la pareja de un miembro del clan de este lugar. Pero más bien, el vino a esconderse como rata en un basurero. ― ¿Conoces bien a esa joven?― Me preguntó Adolph. ―No, apenas y la conozco. ―Quiero que estés alejado de ella.― Tuve la fortuna de que no usara la voz de Alfa. Aunque, ¿Por qué quería que me alejara? ― ¿Por qué? ― Solo no te acerques. ― Su cara era indescifrable, pero por mis instintos lobunos, supe que ocultaba algo. ―Como sea, ¿no tienes reunión con tus "extremidades"?― Dije la palabra con sarcasmo. ― Así es, pero tenía que supervisarte, Konrad me alertó sobre esto. No te metas en problemas, tenemos que pasar inadvertidos. Cuando aún decía eso, comencé a andar, seguiría el rastro de Rowan, ella vivía dentro del bosque. ― ¿A dónde vas? Te dije que dejaras en paz a esa muchacha. ―No voy con ella, voy a ver a mi...novia.― mentí. ― ¿La rubia?― Preguntó Adolph. ―Sí, esa. Seguí el rastro de mi conejita, cuando pensé en eso me reí para mis adentros, me parecía divertido llamarla así. Al final llegue a la sucia cabaña, sabía que vivía ahí, la noche anterior también la había seguido. En ella vivían otras dos personas, por su olor casi a muerto, supe que eran ancianos. La vista de la casa, me hacía sentir nostalgia. Como lobo, mis emociones son más intensas de lo normal, por eso es fácil hacerme estallar en ira. Pero esto de la nostalgia era nuevo, seguido del sentimiento comencé a sentir un dolor de cabeza ligero, acompañado del pitido que resonaba en mis oídos. La última vez que vine, también lo sentí. Espere que en la cabaña fueran a dormirse y, como por arte de magia, Rowan se asomó por la ventana. Al verla mi ira se expandió por todo mi cuerpo. Me transforme y la observe desde la oscuridad, quería que me viera, quería que saliera. Y sucedió, ella poso su mirada en mí, "vamos, baja ya" pensé, pero no lo hacía, solo se quedaba como idiota mirándome. Habría que tentarla, así que deje que me observará por completo, salí del escondite y me mostré tal como era, un lobo blanco. Abríos sus ojos como platos y bajo corriendo, "perfecto, ven acá conejita." Abrió la puerta de golpe y yo me acerque más a ella. Me miro con excesiva confusión. ― ¿Dan? ― Escuchar eso hizo que me estremeciera, un sonido familiar se produjo en mi cabeza, la risa de una niña. Mire aturdido a Rowan. ― ¿Dan, eres tú? ― repitió. Nunca antes nadie me había llamado así. Yo era Dante. No Dan. Además ella no podría saber que yo era aquel lobo. De la nada sentí un golpe de irá, estaba furioso y nada me podría controlar. Me lance y la derribe. Le mordí la mano, iba a arrancársela, pero en el frenesí algo me hizo detenerme, así que solo fue un leve mordisco. Escape justo después de morderla. No sin lamentar lo que había hecho. Ella no me hizo nada, no entendí la razón de mi furia. Me interne en el bosque, me volví humano y me lleve las manos a la cabeza. Me sentía mareado y el pitido era aún más fuerte. ― ¿Qué es esto?―Dije, mientras una serie de imágenes pasaban en mi cabeza, eran rápidas, por lo que no las comprendía bien. Pero algo si me quedo claro, el cabello de Rowan estaba en esas imágenes, ese maldito cabello que me estaba volviendo loco. Era bueno que lo tuviera siempre escondido bajo gorros, o de otro modo se lo arrancaría.
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