Sara Había elegido el mismo hotel porque, además de haberme encantado, quedaba cerca de ese puerto en el que le había visto por primera vez aun sin saber que era él realmente, pero que de todas maneras era un momento en el que me llenó el alma y el corazón, a pesar de que luego resultó que ni se llamaba Javier ni estaba con aquellas chicas. Llegamos al puerto a la misma hora que aquel día y recordándolo a carcajadas. Yo le conté con lujo de detalles cómo había querido escapar de Marta cuando esta lo vio, y cómo las chicas que estaban con ellos nos habían mirado a las dos cuando se acercaban… A decir verdad, debía ser la centésima vez que repasábamos esa historia, pero esta vez era especial porque estábamos en ese lugar y podíamos repasar con gestos y todo, el minuto a minuto de nuestro

