Andrés permaneció inmóvil en su posición, así que me acerqué lentamente hasta donde estaba y me agaché a su lado para abrazarlo y atraerlo hacia mí al mismo tiempo. Minutos después separó un poco su cabeza y me dio un tierno beso en los labios, mientras acariciaba mi mejilla. Las suyas estaban todavía mojadas del sollozo de instantes antes, y su rostro comenzaba a dar muestras de comprender que todo estaba bien entre nosotros, a pesar de lo que había pasado. Esta vez, me había tomado menos tiempo entrar en razón y no era poca cosa, aunque la verdad, debería aprender a darme cuenta de que no ha hecho más que intentar acercarse a mi durante toda su vida y, si hoy disfrutamos de una felicidad plena a nivel personal, no es más que por el esfuerzo que siempre hizo por estar conmigo, por no baj

