Podía ser una locura, pero estaba siendo una experiencia. Dante y yo nos veíamos en la empresa, siempre estaba cerca y evité volver a buscarlo en internet por si me encontraba algo que no quería. Me estaba conformando con lo acordado: estar en silencio hasta que se divorciara. El día uno de diciembre fue viernes y de repente todo se transformó navideño. Había luces por las calles, el campus empezaba a llenarse de decoraciones y Cindy compró un ambientador para el coche que colgaba del espejo retrovisor con forma de calcetín de Santa Claus. —¿Te importa si paso a dejarte yo al trabajo? —me preguntó con una sonrisita—. Quiero ir a buscar los regalos de navidad, iré con Gia, podemos esperarte para cenar juntas después. Asentí terminando de abrocharme el abrigo. Me planté un gorro de lana b

