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BELLA BESTIA.

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Blurb

Detrás de cada persona hay una historia, y como en toda historia hay un proceso, el cual nos hace ser quienes somos en el presente.

Steven Simons es un joven millonario que ha gozado de gustos y placeres, toda su vida. Pero todo esto termina cuando sufre un terrible accidente, en el cual por poco pierde la vida, aunque vivir ya es un milagro para él, sentirá que murió cuando en realidad sobrevivió, a costa de un rostro desfigurado, en el cual gastará cada centavo en su cuenta para poder volver a ser el guapo y atractivo Steven Simons del pasado, su familia avergonzada de él decide darle la espalda, viendo que ha gastado toda su fortuna en su rostro, y aún sigue viéndose de forma diferente a como era antes, no tan grotesco como creía verse después de su accidente, pero tampoco tan atractivo como lo era antes de esté.

Andrea Moreno es una chica ordinaria, que recientemente ha sido reconocida como hija de uno de los millonarios más influyentes del país, es la hija de la amante, a quién su padre mantuvo en secreto, al morir la esposa de su padre, él imploro que lo dejará reconocerla como su hija, ella se negó a su petición, pero al conocer la verdad por boca de su madre enferma decide darle una oportunidad, claramente con una condición: que la deje encargarse de su imperio, quizá Andrea no sepa demasiado de empresas, pero ha manejado las finanzas de su hogar toda la vida, y es una mujer sin miedo alguno, sabe que en este mundo o eres un tiburón o un pobre pez, y ella obviamente decidió ser un tiburón.

Andrea conoce a Steven en el baño del edificio Simons, donde tendría su primera reunión como CEO de la empresa de su padre, él intenta evadirla, puesto que ha sido él quien se ha equivocado de baño, pero ella habiendo soltado cada una de sus inseguridades delante de él intenta empezar con buen pie, pero él no es muy fácil de convencer, al final decide darle un par de consejos a cambio de algo muy importante para él: dinero y prestigio, un trato donde ambos salen ganando.

Siendo así como inicia está historia, ¿Estás dispuesto a descubrir que pasa después? Veamos juntos su proceso.

*Todos los derechos reservados*

La distribución de manera ilegal de este contenido es penalizado a nivel internacional, recuerda eso antes de distribuir nuestros esfuerzos, nuestro tiempo y el sustento de nuestra familia.

¡Bienvenido y gracias por leer!

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Capítulo 1 — Hija ilegitima.

Gozaba de paz, la tranquilidad en la hacienda era palpable, el suave aire que acariciaba mi rostro, aquellos leales trabajadores que se habían dedicado siempre al oficio de las haciendas, a trabajar con las tierras y los animales, sembrar nos daba el dinero suficiente para sobrevivir a mí y a mi madre y al mismo tiempo daba para pagar a obreros para mantener a flote la hacienda que con mucho esfuerzo mi madre construyó.

Ella estaba enferma, así que cada tarde me sentaba a contemplar el atardecer en mi mecedora, con un cigarrillo en mano, costumbre de mi madre, las costumbres no se heredan pero estaba segura que está si que la había heredado de ella, pensaba que ya no había remedio para mi madre más que esperar el día en el que ella decidiera irse de mi lado, la amaba y la admiraba tanto, pero su amor por el cigarrillo le había hecho tanto daño a su organismo, nunca supo cuando detenerse. Ella siempre decía: “No culpes al cigarrillo, culpa al amor” y nunca me dio una explicación a esta frase así que simplemente deduje que se trataba de mi padre, aquel hombre que le rompió el corazón, mi madre decía que yo era tan astuta como un zorro y tan fuerte como un hombre, había trabajado desde muy niña con aquellos niños que hoy eran hombres y se habían convertido en mis mejores trabajadores, eran como de la familia.

— Señorita Andrea, ya está lista la cena. — escuché la voz de Tere, una buena amiga y empleada en nuestra hacienda. Levanté la vista y le sonreí.

— Gracias Tere, en un momento voy. — Tere desvió la mirada hacía mi cigarrillo, con un gesto significativo. — no te preocupes, lo estoy dejando, ni siquiera me di cuenta en que momento lo encendí, se ha estado acabando solo. — me excuse encogiéndome de hombros con una mirada inocente. Ella suspiró y asintió, rendida.

— Así que solo lo dejas esfumarse mientras que tú te quedas viéndolo, pensativa. — me giré para verlo mejor. Víctor había sido mi amor de infancia, su cabello rubio brillaba con el sol, sus ojos redondos y celestes eran tan embriagadores que solía perderme en su mirada, pero no estaba a su altura, él se casaría pronto con la perfecta Mariana, su cabello rojizo la hacia tan exótica como lo era él, eran la pareja perfecta en el pueblo. — ¿No es así? — pregunto viendo que yo aún no respondía, tire el cigarrillo al suelo y me levanté para ponerle el pie encima y apagarlo.

— Si, así es. — dije sin mirarlo, tal vez él no se había convertido en mi príncipe ideal, pero éramos buenos amigos, mejores amigos podría decirse, para mi pesar. — Tere acaba de decirme que la comida está lista, así que vamos... — dije al tiempo que me giraba para entrar a la hacienda por la cena, una simple excusa para huir de la mirada inquisitiva de Víctor, me leía como un libro.

— No te hagas la dura, conmigo no funciona. — dijo reteniendome del brazo, giré mi rostro hacia él, mirándolo de forma suplicante, jamás había llorado con nadie más que con mi madre, a excepción de un día con él, claro que ese día estaba ebria, fue entonces cuando se dio cuenta de la coraza que cargaba para no permitir que nadie se atreviera a dañarme. — vamos Andre, sabes que conmigo puedes hablar de lo que quieras. — dijo con un gesto dulce en el rostro, suspiré y negué con la cabeza. Decidida. — bien entonces yo te diré que es lo que pasa... Ese cigarrillo acabo con la salud de tu madre, es por eso que hace meses que lo dejaste, pero para que nadie lo noté, simplemente enciendes uno para que el olor tan peculiar del cigarrillo se impregne en ti. — abrí los ojos sorprendida, todo lo que él había dicho, era cierto. — dejar el cigarrillo no te hará menos ruda, ¿Lo sabes, verdad? — solté una risita nerviosa.

— ¡Claro que lo sé! — trate de sonar divertida. Él sonrió con ternura y miro nuestro alrededor antes de continuar.

— Andre, se que es difícil para ti, tu madre esta enferma, todos sabemos que no tiene un buen pronostico, pero somos familia, aunque tu madre faltará, todos tus amigos estamos contigo, obviamente no es lo mismo, pero estamos dispuestos a aguantarte peleando el el billar del pueblo con cualquier hombre que te diga algo o te mire, que digo aguantarte, todos nosotros sacaremos el pecho por ti, quiero que lo tengas en claro, no estas sola, deja de cargar con todo eso sola. — y entonces lo entendí, no me di cuenta en que momento paso, pero lo estreche en mis brazos, su cálido torso me reconfortaba el alma.

En ese momento alguien carraspeo su garganta justo detrás de Victor, levante la vista y me separé de él rápidamente. Se trataba de un anciano que nos miraba con un leve gesto avergonzado, no lo conocía tampoco lo había visto antes por el pueblo, le eche un breve vistazo a su vestimenta, el hombre vestía prendas muy finas, no podía ser de aquí, el anciano se me quedo mirando con detenimiento, logrando que me sintiera incomoda, tal vez estaba perdido, pero no podía quedarseme viendo así... Aunque yo hubiera hecho lo mismo minutos antes.

— Disculpe señor, ¿Le podemos ayudar en algo o esta aquí solo para quedarse viendo a mi amiga de esa manera? — dijo Victor rompiendo el silencio, tal vez había notado lo incomoda que me había puesto. El anciano tosió avergonzado.

— Eh, si, lo siento mucho señorita... Es que se parece tanto a su madre cuando era tan joven como usted. — respondió el hombre, fruncí el ceño confundida. ¿Conocía a mi madre? — he venido desde muy lejos para verla y para conocerte... — tanto Victor como yo, nos quedamos estupefactos con sus palabras.

— Señor, ¿Esta seguro de que conoce a mi madre? Ella no tiene muchos amigos, nunca me ha hablado de un amigo de la ciudad, ademas mi madre se encuentra indispuesta en estos momentos, no puede recibir visitas...

El hombre me miro con ojos tristes, para luego meter su mano dentro de su traje de lujo, lo mire con curiosidad, cuando saco su mano de su traje pudimos ver un papel que me tendió al instante.

— Estoy muy seguro, ha sido tu madre quien me ha contactado. — y con esas palabras tome aquella carta de su mano.

Empecé a leerla ante las miradas expectantes de ambos hombres.

Hola, Samuel.

Hace tanto tiempo que quise escribirte, pero no tenía el coraje para hacerlo, me gustaría empezar por contarte que no me encuentro nada bien, irónico, lo sé. Es precisamente cuando estamos al borde del abismo, cuando nos damos cuenta de todo aquello que tenemos pendiente... Es verdad que me fui, pero hay una razón importante por la cuál acepte la suma que tu difunta esposa me ofrecía. Esto sonará aún mas ridículo, pero no hay otro modo de llamarlo porque yo te amaba, y es que el fruto de nuestro amor estaba creciendo con fuerzas en mi vientre, mi niña, Andrea es tan feroz como lo eres tú, al menos como solías serlo, como yo te recuerdo, ella se parece a mí físicamente, es verdad, pero si las personas que la conocen te hubieran conocido a ti, habrían afirmado que tanto carácter y ferocidad es gracias a su padre. Seguramente la noticia sea tan difícil de asimilar para ti, pero debes comprender, una campesina como yo no estaba preparada para tu mundo, yo no planeé enamorarme de ti, solo sucedió, y luego lo menos esperado, así que no tuve más opción que pensar en ella primeramente, hoy mi niña ya es toda una adulta, y te aseguró que puede con todo lo que se atraviese en su camino, ya no tengo miedo de que la prensa pueda destrozarnos, o tu esposa y su familia de élite. Hoy tengo miedo por quién se atraviese en el camino de mi hija, porque lo hará trizas, así que si ya me has perdonado después de este breve resumen sobre nuestra hija, me gustaría invitarte a conocerla, hemos llevado vidas tranquilas, pero ahora que la mía se esta acabando, temo dejarla sola, si decides conocerla, te adjunte nuestra dirección junto con esta carta, y si llegaste hasta aquí, lo único que tengo por decirte es: gracias.

Levante la mirada atónita, no tenía palabras, mi madre me había dicho que mi padre había muerto antes de que yo naciera, pero claro, ella era tan astuta como para saber que lo buscaría si me hubiera dicho que aún vivía.

— ¿Te sientes bien, Andre? Siéntate por favor, le pediré a Tere que te traiga un té de hierbas... — dijo Victor tomando mi mano en la suya. Lo mire mientras que me sentaba en mi mecedora. — ya vuelvo, por favor no te levantes. — asentí ante su mirada preocupada.

Cuando Victor se marcho, el anciano se inclino hacía mí.

— No quería tener que decirlo así, pero yo tampoco lo sabía, según esta carta, eres mi hija... — lo mire a los ojos, molesta. Sus ojos se veían llenos de alegría, pero aún así yo solo sentía enojo, una mezcla de sentimientos se había apoderado de mí.

— Yo no soy su hija, una carta no es prueba de que usted sea mi padre. — le dije con voz fuerte, él sonrió y podía jurar que vi una mirada llena de orgullo.

— Puede que seas mi hija ilegitima, pero tu madre tenía razón, puedo sentir aquí. — señalo en su pecho el lugar en el que se encontraba su corazón. — que eres mi hija. Solo necesito hablar con tu madre, por favor, hay tantas cosas de las que debo hablar con ella... No puedo creer que se haya ocultado de mí durante tanto tiempo. — sentí como mi labio inferior temblaba, hablar de la condición de mi madre provocaba en mí un efecto de profunda tristeza.

— No debería decirlo, me he intentado mentir diciéndome que ella sobrevivirá incluso cuando su doctor no le ha dado mucho tiempo de vida, se puede ir en cualquier momento... Yo estoy tan enojada con ella, y también conmigo misma, porque pude haber hecho algo, pero nunca hice nada. Además me encuentro furiosa de que me ocultará que tenía un padre, cuando me juro que había muerto, y me siento más furiosa porque se que sería un ser cruel si me atreviera a reprochárselo, en su condición. — suspire agotada.

— Se que ella hizo lo que creyó mejor para ti, has leído su carta, ahora aún estando en su estado lo único en lo que puede pensar es en ti... Si me permites hablar con tu madre, ambos aclararemos nuestras dudas. — dijo el anciano con una sonrisa tímida.

Suspiré agotada, en ese momento Víctor se asomó con mi té en sus manos, me lo ofreció aún mirando al hombre con desconfianza.

— Toma, bebelo todo, te servirá para calmar tus nervios. ¿Se te ofrece algo más? — pregunto Víctor indicándome que estaba para apoyarme, negué con la cabeza y le di una sonrisa tranquilizadora. Él suspiro y asintió con la cabeza. — bien, entonces estaré esperándote en el comedor para la cena. — dijo dispuesto a irse.

— No me esperes, el caballero y yo iremos a conversar con mi madre, así que por favor dile a Tere que no cenaré con todos está vez. — Víctor asintió resignado antes de marcharse, me giré hacia el anciano y le hice un gesto para que me siguiera. — bien, vamos. Aclaremos nuestras dudas. — dije en un tono decidido, él sonrió satisfecho. Caminé delante de él mientras que él seguía mis pasos.

Nos encontrábamos ya frente a la habitación de mi madre, solo hacia falta levantar la mano y tocar, para saber toda la verdad.

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