[SOFÍA] Nos sentamos en el suelo del balcón, espalda contra la pared de cristal, las piernas apenas rozándose. Francesco abre la cerveza, me ofrece primero. Bebo un sorbo, amargo y frío. Él sonríe apenas, como si cada gesto mío fuera algo que quiere memorizar. —¿Te acuerdas de Spa? —pregunta de pronto, mirando al cielo. —¿Cómo olvidarlo? Se te rompió el alerón y casi le gritas al jefe de equipo en italiano frente a toda la prensa. Él ríe, una carcajada baja, sincera. —No, no eso. Me refiero a cuando nos quedamos encerrados en el box por la tormenta. Estuvimos ahí horas, solo hablando. —Sobre teorías aerodinámicas y nuestras listas de canciones favoritas —añado, con una sonrisa. —Y sobre qué haríamos si todo esto se acabara mañana —dice, bajando la voz. Lo miro. Él no me está mirand

