Punto de vista de Alexa El sol comenzaba a descender, tiñendo de dorado el jardín, que estos últimos días en casa se ha convertido en mi refugio. Hoy, sin embargo, me sentía muy diferente. No sabía por qué, pero me sentía muy inquieta. Estaba en el jardín, cuidando las rosas que acababan de empezar a florecer. A Mary le habría encantado hacerlo ella misma, pero hoy me apetecía hacerlo yo. Le había dado el día libre. Ethan, Sasha y Nana también estaban en el jardín, pero me dieron espacio, lo cual agradecí. No soportaba que Sasha me estuviera rondando. En ese momento me sentía en paz. La serenidad del momento se rompió cuando una figura desconocida, pero a la vez reconocible, se acercó con paso firme. Se me aceleró el corazón, dividida entre la incomodidad y la confusión. —¡Alexa! —excla

