POV EMILIA La escena era de lo más alegre. El departamento se encontraba completamente iluminado por la luz de la tarde y frente a nosotros hay personas. Muchas. Demasiadas. Familia. Gente alta, guapa, con acentos españoles y sonrisas grandes que no esperaba ver en los próximos diez minutos de mi vida. —¡Hijo! ¡Bienvenido! —exclama su madre, corriendo hacia él y llenándolo de besos en ambas mejillas como si tuviera cinco años y hubiera vuelto del internado. Me quedo en silencio, paralizada, admirando la escena. ¿Francisco me dijo que su familia era como él… o yo asumí que era como él? Tal vez sus descripciones no ayudaron mucho. Tal vez esa parte de que eran “intensos” no la supe interpretar correctamente. —Madre… —murmura Francisco, un poco apenado. —¡Basta! ¡Hace tanto que no te ve

