POV: EMILIA. Llegamos a la parte de arriba y, de nuevo, el hermoso jardín que Fran diseñó se revela ante mis ojos. Es como un oasis elevado, lejos del ruido de Madrid. El viento suave, el olor a flores frescas, el murmullo lejano de la ciudad… Me pregunto si podría hacer uno parecido en mi pequeño y viejo edificio de Queens. Sería perfecto para después del trabajo. O para huir de mis problemas. O para fingir que mi vida está en orden. La abuela de Fran camina segura, como si el lugar le perteneciera (lo hace), hasta una de las bancas de madera con vista panorámica. Toda ella proyecta autoridad, clase y esa intuición que huele mentiras a kilómetros. —¿Quieres café? —pregunta, elegantísima. —No. Estoy bien —respondo, demasiado rápido. En realidad, cualquier cosa que pueda alterar mis

