POV. FRAN Primero, tengo que decir algo con absoluta claridad: Serrat siempre ha sido parte de mi vida. Siempre. Y no porque yo la haya invitado… sino porque ella se invitó sola. La conocí cuando yo tenía diez años. Ella once. Se mudó a la casa de al lado. Su familia compró la propiedad y trató de construir ahí una casa. Digo trató porque nunca la terminaron del todo. Era una obra eterna, ruidosa, inconclusa. Como muchas cosas que después vendrían con Serrat. Desde el principio fue imposible no verla. Serrat —o Claudia, como en realidad se llama— siempre fue segura, brillante, popular. De esas personas que entran a un lugar y lo ocupan sin pedir permiso. Yo, en cambio, era un niño callado. Observador. Protector. Me gustaba escuchar. Me gustaba cuidar. Y ahora lo sé: para un narcis

