Miro las estrellas de la noche después de una actuación perfecta. No sé en que momento de estos cinco años me convertí en una de las principales atracciones del circo, ni siquiera recuerdo como aprendí a hacer lo que hago. Todo empezó como una forma de olvidar, cuando entrenaba junto al resto de personas del circo mi mente no pensaba en lo que había perdido y jamás podría recuperar. Cuando estaba en el aire no pensaba en la familia que decidí olvidar, me costaba menos sentirme culpable cuando estaba sola y podía pensar sin problemas. Ahora ya no pienso en ellos, a veces en mi padre que era el único que parecía quererme en esa casa.
Giro mi cabeza cuando alguien se sienta a mi lado en las escaleras de la caravana. Sonrío al reconocer la silueta del que se ha convertido en mi hermano menor. JP es el único hijo biológico de las personas que se arriesgaron a salvarme. Todo pudo salir muy mal si mi padre se hubiese enterado, aún puede salir fatal pero al menos ahora tengo la voz para defenderlos. Hace cinco años no hubiese sido capaz ni de gritar cuando mi padre los apuntase con su pistola, hoy en día me pondría delante.
— ¿Qué haces? – JP me pregunta despreocupado, como todo un adolescente de quince años. – ¿Vas a llorar?
— ¿Si lo hago te irás?
— Te daré un pañuelo y me iré. – me río. – Entonces, ¿vas a llorar?
— No, no pienso hacerlo. – le revuelvo al cabello. – ¿No deberías estar durmiendo? Ya es tarde y mañana tienes instituto.
— A mi edad te quedabas despierta hasta altas horas de la noche, escuchaba a mamá decirle a mi padre que estabas practicando.
— A tu edad tenía más problemas de los que tienes tú. – lo miro con los ojos entrecerrados. – ¿Qué te ocurre JP?
— Nos hemos establecido temporalmente aquí, no sé por cuanto tiempo, el instituto está siendo difícil.
— ¿Se meten contigo?
— Creen que los chicos criados por el circo somos idiotas, han intentado intimidarme varias veces. – se rasca la nuca. – No he querido decírselo a papá y mamá para que no se preocupen.
— ¿Quieres que vaya a hablar con el director?
— ¿Podrías? Tienes la facilidad de encantar a todo el mundo y yo no soy tan simpático o agraciado. – apoya su cabeza en mi hombro. – Si no puedes no pasa nada.
— Mañana te llevaré al instituto e iré a hablar con el director. – lo tranquilizo. – Soy tu hermana mayor, nunca dudes de que tengo tiempo para ti.
— Gracias, me iré a la cama. – se levanta y entra a la caravana.
Al principio los cuatro compartíamos una caravana, JP y yo estuvimos compartiendo cama tres años hasta que me saqué el carnet y decidieron regalarme una caravana no muy grande para mi cumpleaños número diecinueve. Casi no hay espacio para ambos, pero tampoco necesito más. Somos felices teniendo una cama pequeña para cada uno, aunque con lo que gano en el circo podría tener algo más grande, no lo necesito.
Miro la hora en mi teléfono, veo la primera foto que me hice con mi nueva familia. La sonrisa contenida por si las cosas salían mal. A pesar de los miedos, y la ansiedad que enfrentaba esos días, esta foto es especial porque me dio la esperanza de que aún tenía un futuro por el que luchar. Luare y Mason me dieron un futuro que no imaginaba pero del que no puedo estar más que agradecida.
Estoy a punto de levantarme del escalón cuando Laure se sienta a mi lado, deteniendo mi acción. Al principio se queda observando la noche igual que hacía yo. Después de una actuación necesito este tiempo de descanso antes de irme a la cama a dormir, lo aprendí de ella.
— Me llegó información sobre tu padre. – mi cuerpo se tensa. – Está ingresado en el hospital de la ciudad, al parecer le dispararon.
— Algo normal con su trabajo. – me encojo de hombros. – Mañana llevaré yo a JP al instituto. – cambio de tema.
— Te he escrito la habitación y el piso por si quieres ir a visitarlo. – me da un papel doblado, lo acepto por alguna razón desconocida.
— ¿Y que mis hermanos mayores me pillen y me den una paliza? No gracias, si se muere lo siento mucho pero es a lo que se enfrenta con su trabajo. – me levanto de la escalera. – Buenas noches.
— Buenas noches bambalina.
Me toma varias respiraciones despegarme de la puerta de mi caravana. Escucho los pasos de la mujer que me dio una nueva vida alejarse hasta su propia caravana. Miro mi pequeña cama antes de mirar la de JP que aún está despierto.
— ¿Me haces sitio?
— ¿Llorarás?
— A lo mejor.
JP no se lo piensa mucho antes de hacerme sitio en su cama y dejar que me acurruque a su lado. Sus ojos oscuros me mira con determinación. Es un chico fuerte, un chico que ha tenido que soportar que menosprecien el trabajo de sus padres cada vez que nos establecemos por algunos meses en algún lugar.
— ¿Qué has hablado con mamá?
— Mi padre está ingresado, le dispararon. – hago una mueca.
— ¿Quieres ir a verlo? Me dijiste que lo querías pero que nunca volverías a ese lugar.
Con delicadeza JP toca la parte de mi cabeza que sangraba aquel día, lo traumaticé cuando tenía diez años y sus padres me llevaron hasta su coche. Aquel niño tuvo que sostener la toalla que tenía en la cabeza cuando me desmayé por la pérdida de sangre y los golpes que había recibido. Desde entonces JP se preocupa mucho cuando me duele la cabeza o tengo alguna ligera molestia.
— ¿Aún lo quieres?
— Algunas veces pienso que no. – mi voz tiembla. – Hace cinco años pensaba que él me quería, que si supiese lo que sus hijos mayores me hacían me ayudaría, pero creo que era imposible no darse cuenta que algo ocurría. A veces los moratones eran evidentes, y no podía con el dolor de los golpes. Creo que él decidió hacerse el ciego ante los abusos.
— Te apoyaré si quieres ir a verlo.
— Aún no sé que quiero hacer, para estas cosas aún tengo quince en vez de veinte. – hago una mueca.
— Todavía tienes pesadillas.
No puedo mentirle a JP, llevamos dos años compartiendo caravana y antes de eso incluso compartíamos cama. Más noches de las que puedo contar grité, lloré e incluso entré en tal estado de pánico que pensaba que estaba de nuevo en esa casa siendo abusada por quienes decían ser mis hermanos mayores. Nunca entendieron el significado de ser uno, porque yo haría hasta lo imposible por proteger a JP y ni siquiera compartimos sangre.
— Algún día desaparecerán. – le quito importancia. – No voy a ir, él ya no es mi familia. – lo abrazo. – Gracias por no ser un adolescente repelente.
— Lo soy, pero tu eres mi hermana mayor. – me devuelve el abrazo. – Aunque al principio no lo acepté muy bien.
— Llegué a tu vida abruptamente. – me encojo de hombros. – Yo tampoco lo hubiese aceptado con facilidad, en especial si me quitabas el tiempo con mis padres como hice yo.
— No te cambiaría por nada Nyx.
— Yo tampoco JP, nunca lo dudes.
Nos quedamos abrazados hasta que JP se queda dormido, a pesar de los problemas siempre ha tenido una facilidad que admiro para dormir, en cualquier lado. En capaz de dormirse mientras está de pie apoyado a una pared, y no se cae. En un momento llegué a pensar que tenía algún problema neurológico, pero la verdad es que no. Le hicieron pruebas porque sus padres tuvieron la misma duda, pero está genial.
A mi me gustaría estar tan bien como antes de esa última paliza, pero mis hermanos mayores me reventaron el tímpano izquierdo. Aún no entiendo bien lo que me explicó el médico, pero no había forma de repararlo, no una forma natural al menos. Mis nuevos padres optaron por darme la opción de decidir que hacer, y a pesar de lo costoso que fue decidí ponerme un implante. Había escuchado toda mi vida y no quería renunciar a un sentido que conocía. Me lo quito para actuar, así me distraigo menos con el sonido del público.
Mis nuevos padres, JP, dos chicos más y yo somos trapecistas, aprendí con bastante facilidad el oficio aunque no es nada fácil. Me empeñé tanto en encajar aunque intentaron convencerme que no era necesario, que de alguna forma me convertí en una de las atracciones principales. Por suerte nadie conoce mi cara, ni la de otro de los chicos. Nadie fuera del circo y la familia que me empeño en olvidar aunque sea demasiado difícil.
Me duermo pensando en que podría ir a verlo por última vez, pedirle que no me busque y que si alguna vez me quiso de verdad mantenga a sus hijos lejos de mí. Solo quiero vivir tranquila lo que me queda de vida, no quiero saber nada de la mafia. No me importa una mierda ese negocio, solo quiero ser una trabajadora de circo y olvidarme que alguna vez fui la hija de alguien demasiado peligroso como para estar en casa más de una semana y darse cuenta del daño que le estaban haciendo a su única hija.
No quiero visitarlo para darle la satisfacción de verme por última vez antes de morir, quiero hacerlo para terminar con mi propio dolor. No es como si las pesadillas fuesen a terminar de una vez, hasta que no me llegue la noticia de que esos cuatro hijos del diablo están muertos nunca estaré completamente tranquila. Pero para al menos darme un cierre adecuado con mi padre. Para poder despedirme de la única persona que alguna vez me dijo que me quería y a la que yo creí. Es por mi, si voy a visitarlo no será por él.