Dos horas fue el tiempo que lady Ana pasó en la habitación y pasado ese tiempo caminó con paso acelerado por los pasillos del palacio para ir a la habitación principal de la emperatriz. Fue presentada y entró de prisa. Calista la miró de arriba abajo — cuéntame. — Un caos. Un absoluto caos — decretó — he enseñado a más de cincuenta señoritas y jamás, nunca antes — se llevó la mano al pecho y la emperatriz le señaló una silla que se sentara — me había sentido de esta forma. Paciencia fue la segunda lección. “No necesito que me enseñen a ser paciente. Mi destino no es sentarme callada mientras otros deciden por mí. Estoy aquí para hacer que me escuchen”, respondió Liana. Respeto, fue la tercera lección. “Soy quien será respetada, si las personas quieren ganarse mi respeto, deben ser o

