Su siguiente parada fue en un pequeño pueblo, se quedaron en una posada y Erika tomó la oportunidad para visitar una gran biblioteca. Fue agradable, el silencio reinaba entre los altos estantes repletos de volúmenes encuadernados en cuero y la luz dorada de la tarde se filtraba por los ventanales. Erika recorrió el lugar con la mirada. Nunca antes había visto un lugar tan hermoso y le apenaba decir, que lejos de leer, quería seguir apreciando la arquitectura. Teresa suspiró, consciente de que iba a ser ella quien llevara la medida del tiempo o su señorita pasaría el día entero en la biblioteca. En la posada lady Elina ordenó su ropa y el equipaje para separar la ropa que habían usado durante el viaje y la que usarían en cuanto llegaran al palacio. Liana abrió la puerta — mamá, no encue

