Dos semanas después de la boda, el viaje a Valserra comenzó. Recibir un territorio no era tan simple como tomar los documentos y aceptar la administración; Fausto debía recorrer el territorio de Valserra y constatar que lo escrito en los documentos era coherente con la realidad. Ese mismo día el conde Marius Valmire decidió volver a la villa. Había tres carruajes en la entrada del palacio, uno para el conde y dos más para Erika y Fausto. Lady Elina abrazó a Erika — ten un buen viaje y escríbeme en la primera oportunidad que tengas. Yo también te escribiré. — Lo prometo — sonrió Erika. Fausto vio a su madre caminar desde el palacio con paso firme. Corría el rumor de que el marqués Estrada volvió a su territorio bastante molesto y Fausto imaginó que su madre no estaba pasando un tiempo

