Estoy sentada entre sus piernas sobre la manta extendida en el césped, con el lago frente a nosotros y ese silencio que transmite una paz casi irreal. Aun así, debo admitir que estoy terriblemente nerviosa, y no tiene nada que ver con el paisaje. —Tú escribe y yo te doy sugerencias —me dice al oído. Su voz tan cerca hace que sonría… y que mis dedos tiemblen un poco. —Me pone muy nerviosa escribir contigo leyendo todo y dándome consejos —admito. —Escribe como si no estuviera aquí —propone. Pero el hecho de que me lo susurre al oído no facilita nada. —Lo intentaré —sentencio al fin. Abro la historia Amor Imposible y respiro hondo. —Esa historia me gusta mucho… —comenta. Sonrío. —Me harás cambiar la idea original, pero bueno… aquí vamos. Empiezo a escribir. “Aquella mañana de invi

