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1838 Words

Por la mañana aplasto la cara contra la almohada unos segundos más y siento como su lado de la cama está frío. Le doy manotazos. No, no está. Las dudas se me resuelven cuando escucho la puerta abrirse. —¿Ya estás despierta? —Mmhm —murmuro contra la almohada. —He subido café. El tuyo con hielo. ¿Se acuerda? Tampoco es un detalle muy importante de mi vida. Me siento de piernas cruzadas, seguramente tenga el pelo revuelto y no puedo abrir los ojos del todo, pero intento adecentarme cuando no me mira. Se sienta en el borde de la cama a tomarse el suyo conmigo, en silencio un rato. Los oídos me pitan aún de anoche. —¿Has dormido bien? —me pregunta. —Bueno... —sopeso—. Sí porque tu cama es mucho mejor que la de la residencia, pero la cabeza todavía me retumba por la música. Deja caer su

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