Al día siguiente, la oficina tenía ese murmullo típico de inicio de jornada, teléfonos sonando, impresoras vibrando, pasos rápidos sobre el piso de mármol.
Tyler caminaba por el pasillo revisando su Tablet, su noche había sido fabulosa, erótica a mas no poder, en su memoria estaban esos azotes, los gemidos de ella retumbando en sus oídos, el ligero dolor en su piel está mañana, todo fue magnífico, Nyx siempre lo sorprendía, siempre tenía algo nuevo para mostrarle, y de pronto, escuchó una risa conocida.
Ligera, torpe, sus pensamientos se desvanecieron, regresándolo a la realidad, lo supo de inmediato, Bianca, podría reconocer esa risa donde quiera.
No le prestó atención… hasta que escuchó otra risa, masculina, demasiado cerca de la de ella.
Apagó su tablet y caminó a paso lento, como si un chisme estuviera a punto de contarse, al doblar hacia el área común, los vio.
Bianca estaba apoyada contra el borde de una mesa, con una carpeta abierta entre las manos, frente a ella estaba Humberto, el nuevo analista, joven, seguro, con esa sonrisa amable que funcionaba demasiado bien con las mujeres, era de los que coqueteaban sin esfuerzo, sin mala intención… pero con resultados.
—No puedo creer que derramaras café encima del contrato —rio Humberto, sacándole un papel de las manos para ayudarle—. Déjame ver, quizá lo puedo limpiar un poco.
—Fue un accidente, tendré que redactarlo de nuevo, lo bueno que aún no está firmado, ya no sirve, ni siquiera lo intentes—musitó Bianca, riendo también, aunque con ese rojo suave en las mejillas que Tyler ya había aprendido a interpretar.
Humberto se inclinó más de lo necesario para ver mejor el daño, quedando peligrosamente cerca de Bianca.
Bianca retrocedió un poco, nerviosa por la cercanía, pero no lo suficiente como para sentirse intimidada.
Tyler sintió cómo algo se tensaba en su estómago.
Una punzada casi eléctrica.
¿Celos?, era tan ridículo que casi se rio de sí mismo.
Él, sintiendo celos por su secretaria torpe.
Nunca en su vida había sentido algo así, por ninguna mujer, las relaciones sentimentales no le interesaban, y mucho menos la competencia… pero verlos ahí, tan cerca el uno del otro…
La risa de ella volvió a llenar el aire, y la de Humberto, aún más cerca, él la miró fijamente a los ojos y luego su mirada bajó a los labios de ella.
Tyler apretó la Tablet con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
No le gustó, no le gustó nada, la sola idea de que le quitaran algo que era suyo, Bianca era su secretaria, su tiempo era solo de él y para él. Se acercó, sin pensarlo.
La reacción fue automática, como si algo dentro de él lo empujara a interponerse.
—Bianca —dijo su nombre con esa voz baja que usaba cuando algo le incomodaba profundamente.
Los dos se giraron hacia él.
Bianca dio un pequeño sobresalto, como si la hubieran descubierto en algo indebido.
—S-señor Tyler… — balbuceo sin saber porque.
—¿Qué hace?—Preguntó él.
—Solo la ayudaba —dijo Humberto con una sonrisa profesional, sin notar algo extraño—. Su secretaria tiene manos peligrosas— Dijo como broma.
Pero nadie rio o algo parecido.
Tyler, sin apartar la vista de Humberto, respondió con una neutralidad tan precisa que solo quien lo conociera sabría lo que escondía.
—Puedo encargarme de mi secretaria por mí mismo, Humberto, gracias, ¿No tiene trabajo que hacer?.
La sonrisa del chico se congeló apenas un segundo, por un momento olvidó que Tyler Hale era el jefe, luego asintió, incómodo, y se excusó para marcharse.
El silencio entre Tyler y Bianca se volvió espeso, mientras se miraban el uno al otro.
Bianca bajó la mirada, nerviosa. —Yo… lo siento, no quería…
—No tienes por qué disculparte —la interrumpió él, más brusco de lo que pretendía.
Bianca parpadeó, sorprendida por la dureza contenida.
Tyler respiró hondo, intentando recuperar su compostura.
No era posible que ese retorcijón en el pecho fuera celos. No lo era, él no funcionaba así, nunca había funcionado así y mucho menos por su secretaria.
Sin embargo…
Cuando recordó a Humberto inclinándose sobre ella…
Cuando recordó la sonrisa de Bianca dirigida a otro hombre…
Algo en su interior gruñó como un animal acorralado. —Ven a mi oficina —dijo al fin, quizá demasiado rápido—. Necesito hablar contigo.
Bianca asintió de inmediato, recogiendo sus cosas.
Caminó detrás de él, con pasos pequeños, inseguros.
Y Tyler, mientras avanzaba, no podía dejar de pensar en lo absurdo y peligroso que era esto, este sentimiento que se incrustaba dentro de él sin permiso.
No era atracción, y definitivamente no era deseo.
Pero entonces… ¿Por qué demonios se sentía como si alguien hubiera puesto las manos donde no debía?, casi como si le quisieran quitar algo que ya le pertenecía.