Capítulo 9. Cambio de roles.

1756 Palabras
Tyler entró primero, miró a Bianca entrar y cerró la puerta, no lo hizo de golpe… pero tampoco con suavidad. Bianca se detuvo junto al escritorio, abrazando sus carpetas contra el pecho como si fueran un escudo improvisado, apenas podía verlo a la cara. Era difícil saber, si iba a regañarla o a despedirla definitivamente, ella siempre vivía con la incertidumbre de que al fin su jefe se cansara y la echara por la puerta grande, en verdad no quería perder este empleo, aunque aún no sabía, ¿Por qué la sola idea de ser despedida le causaba tanto conflicto?. Tal vez hoy, no iba a sobrevivir, y eso la hacía querer hincarse y pedir piedad. Tyler dejó la tablet sobre la mesa y apoyó ambas manos en el borde, inclinándose hacia adelante para recuperar el control de su respiración. No la miró de inmediato, si lo hacía, temía que ella notara lo que estaba intentando ocultar. Bianca carraspeó, buscando las palabras. —Señor Hale yo… —No te llamé para que te excuses —la interrumpió otra vez, más irritado consigo mismo que con ella. Ella bajó la cabeza, ese gesto, tímido, casi tembloroso, le dio un impacto extraño en el pecho a Tyler, incluso su torpeza tenía un encanto que él no sabía cuándo había empezado a notar. Desde la primera vez, ella apenas pudo sostenerle la mirada, aun cuando lo miraba a la cara, jamás hacía contacto visual, si por error sus ojos se encontraban con los de él, un rubor se encendía en sus mejillas, haciéndola ver…tierna, indefensa y sumamente, atractiva. Tyler exhaló, finalmente obligándose a mirarla fijamente. —Si alguien del equipo está… distrayéndote, necesito saberlo. Bianca abrió los ojos, sorprendida. —¿Distrayéndome?, no, no. Humberto solo… estaba siendo amable. El nombre del chico, cayó sobre Tyler como una chispa dentro de un campo seco. Inofensivo, pero qué si se encendía, haría arder todo a su paso. Se enderezó y caminó despacio alrededor del escritorio hasta quedar a un metro de ella, estos últimos días, ella se había vuelto, un verdadero dolor de cabeza. Quedó suficientemente cerca para que Bianca sintiera qué era más difícil respirar, aun no entendía porque frente a este Tyler, ella no podía ser valiente y determinada, por que sentía qué sus piernas no tenían fuerza. —Bianca —dijo con esa voz controlada que usaba en reuniones importantes. —Aquí no estás para hacer amigos, estás para trabajar. Bianca tragó saliva. —Sí, señor—Dijo sin comprender del todo, ¿A que venía eso?. —Y no me gusta. Se detuvo, la frase había salido sola, demasiado sincera. Bianca levantó la mirada, confundida. —¿No le gusta… qué?. Tyler sintió el impulso de decir la verdad, no me gusta que sonrías así con otro, no me gusta ver que alguien más te mire, no me gusta lo que eso me hace sentir a mí. Pero él no decía esas cosas, no entendía porque ahora, tenía tantas ganas de decirlas. Así que disfrazó la verdad con control. —No me gusta que dependas de otros para hacer tu trabajo bien —concluyó, ajustando el tono. —Necesito ese contrato listo en media hora, ¿No tienes mas cosas que hacer?. —Si señor. —Entonces deja de ser tan descuidada y pon atención a lo que haces. Bianca asintió, por un momento una oleada de frío le recorrió la espalda, imaginando cosas que la hacían sentir más emocionada de lo que quería. Lo miraba de reojo, con algo nuevo en los ojos… como si estuviera intentando descifrarlo. —Entiendo —susurró. Tyler dio otro paso, uno pequeño, pero suficiente para que el aire entre ambos se tensara. Bianca respiró hondo, sin apartar la vista de su pecho. Por primera vez, Tyler la notó realmente, el brillo tímido en sus ojos, la forma en que su cabello caía hacia un lado, el temblor leve en sus manos. Un temblor que él mismo provocaba. Y eso… Dios, eso le provocó una sensación caliente, casi posesiva, algo nuevo que no sabía cuanto le gustaba, le gustaba seguir órdenes, dejarse guiar y ser castigado, ¿Pero que se sentiría estar del otro lado?, con Bianca podía dar una pequeña probada de eso, ella siempre era tan obediente. ¿Qué haría ella si él le pedía que se desvistiera?. Seguramente ella lo haría sin dudar. —Bianca —repitió, esta vez más suave, casi ronco—. Cuando estés en el trabajo… concéntrate solo en mí, ¿Entendido?. Ella abrió los labios, sorprendida por el cambio de tono, aquella voz en él, la hizo sentir…deseo. —Sí, señor…Tyler. La forma en que dijo su nombre le golpeó directo a la columna. Tyler desvió la mirada un segundo, como si necesitara controlar algo dentro de sí. Se acercó al escritorio y tomó un folder solo para tener las manos ocupadas. —Puedes irte —dijo finalmente, aunque su voz no tenía nada de la frialdad habitual. Bianca asintió, girándose hacia la puerta. Pero antes de salir, Tyler la llamó otra vez. —Bianca. Ella se detuvo. —Evita a Humberto. El silencio que siguió fue tan revelador que Bianca, por primera vez, sonrió con una mezcla de nervios… y una tímida satisfacción que ella misma no entendía. —Como usted diga, señor. Cuando la puerta se cerró detrás de ella, Tyler se dejó caer en su silla y se cubrió el rostro con una mano. No sabía qué demonios le pasaba, pero sí sabía una cosa. Bianca ya no era solo su secretaria torpe. Y él acababa de cruzar un límite del que difícilmente podría volver. Durante el resto del día, una idea retumbaba en la cabeza de Tyler Hale, hasta que finalmente lo decidió, aunque no estaba seguro de que tan buena idea era. Esa noche, Bianca había sido la primera en llegar a la casa de Tyler, dándole la oportunidad de recorrer más el lugar, había habitaciones vacías, limpias, pero nadie parecía vivir ahí, la oficina tenía libreros vacíos y la cocina solo tenía lo indispensable, no había comida ni nada por el estilo. Bianca, con su máscara, su peluca oscura y sus lentillas, esperaba a Tyler, preguntándose, ¿Con que ánimos vendría hoy?, había estado un poco raro. Ella ya había recuperado su postura dominante, la misma que él obedecía sin dudar cada noche. Y esa noche, Tyler entró… pero algo en él era distinto. Cerró la puerta lentamente y la encontró en la sala, mirando un cuadro que él había comprado en una subasta. Su respiración era más profunda, sus hombros más rectos. Una quietud inusual le recorría el cuerpo. Bianca lo notó de inmediato cuando se giró para verlo. —No vives aquí, ¿Verdad?—Preguntó ella sin dar las buenas noches, le parecía que saludarse no era necesario, ya eran íntimos a su manera. —No—Respondió él sin entrar en detalles, ella tampoco lo cuestionó, solo enarcó una ceja y asintió. —¿Empezamos?—preguntó ella. Pero Tyler no respondió de inmediato. Él avanzó un paso, sus ojos estaban oscuros, pero no de sumisión… sino de algo que Bianca no había visto jamás en él. —Esta noche quiero pedirte algo diferente. Bianca respiró lentamente, tan alerta como felina. —¿Diferente cómo? —preguntó, ya incómoda, su dominio era su armadura, un sumiso no pedía, obedecía, pero él no era como cualquier otro, él se había vuelto, especial para ella. Tyler se acercó lo suficiente para que ella pudiera notarlo. —Quiero… probar tomar el control —dijo sin rodeos. Bianca sintió un pequeño estremecimiento, no era miedo, era sorpresa. Y un poco de rechazo inmediato, ese no era el acuerdo, ese no era el rol, ella nunca lo permitía. —No —respondió ella, casi instintivo—. Eso no funciona conmigo, no cedo mi control, no soy de las que sigue órdenes— después de decir eso, se sintió extraña, solo seguía órdenes de alguien, de él, aunque él no lo sabía. Tyler dio un segundo paso, suave, casi cuidadoso, como si temiera espantarla. —No quiero dominarte —dijo, más cerca aún—. No quiero lastimarte, no quiero ser cruel contigo. Respiró hondo. —Solo quiero… experimentar, ver cómo se siente. Bianca apretó los puños a sus costados, sonrió sin querer hacerlo. —¿Por qué?, ¿Algo no te gusta?. —No, no es eso, todo me encanta, solo quiero probar esto, contigo. —Tyler… esto no es un juego —susurró, intentando mantener firmeza. —Lo sé —respondió él con una sinceridad tan transparente que Bianca sintió un golpe en el estómago. —Y te lo prometo, solo será esta noche. Se acercó otro poco, despacio, dejando claro que podía retroceder si ella lo pedía. —No voy a traspasar ningún límite. Solo… déjame intentarlo, una vez. Bianca levantó la mirada hacia él. Y justo ahí vio algo que nunca había visto en ningún sumiso: Vulnerabilidad con deseo de poder. ¿Por qué ahora?, ¿Por qué con ella?. Era extraño, él siempre tenía el control en el trabajo, ¿Por qué también aquí lo quería?, ¿Qué quería probar?. Bianca dio un paso atrás, evaluándolo… pero él no avanzó, no la presionó. Esa espera respetuosa fue lo que la quebró. Su voz salió apenas como un susurro. —Si te doy el control… será todo tuyo, no te diré que hacer. Tyler asintió, lento, solemne, como si ella acabara de confiarle algo sagrado. —Eso quiero. Un silencio profundo cayó entre ambos. Bianca respiró hondo, sintiendo cómo su dominio habitual se disolvía poco a poco, abriendo un espacio vulnerable en su interior. —Está bien… —dijo finalmente, con un temblor casi imperceptible—. Esta noche… es tuya. Tyler cerró la distancia entre ellos, muy despacio. Le sostuvo el mentón con una delicadeza que a Bianca le resultó extraña… íntima… peligrosa. Sus ojos se encontraron. Uno renunciando al poder por primera vez. El otro tomándolo con una suavidad que excitó, desconcertó y desarmó por completo. —Nyx —murmuró él—. ¿Empezamos ahora?. Ella tragó saliva, sintiendo un pulso incontrolable en su cuerpo. —Si, empecemos —susurró. Tyler la tomó de la mano y la llevó a esa habitación, cuando Bianca entró detrás de él, sintió un poco de nervios, nunca había hecho algo como esto, pero, a decir verdad, siempre tuvo algo de curiosidad, y al parecer, ahora por fin iba a poder entenderlo del todo.
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