Capítulo 10. Secretaria torpe.

1355 Palabras
Bianca estaba sola en su departamento, con una taza de té entre las manos, no podía dormir. Algo que había dejado enterrado mucho tiempo, poco a poco salía a flote, haciéndola sentir confundida. Se sentó en el borde de la cama y cerró los ojos, y, como siempre que intentaba relajarse, los recuerdos volvieron. Su vida antes de él. Recordó el pequeño departamento donde creció, siempre desordenado, siempre tenso, sus padres… nunca fueron buenos, ni juntos, ni separados, discusiones constantes, culpas, gritos. Nunca había espacio para la calma, mucho menos para ella, una hija que no fue deseada en este mundo. A los diecisiete, Bianca ya sabía que estaba sola, sus padres iban y venían según el humor del día, y alguna vez, cuando tuvo suerte, dejaban algo de dinero en la mesa, la mayoría de las veces no. La mayoría de las veces, ella tuvo que arreglárselas sola. Y aun así, había intentado estudiar, trabajar, sobrevivir. Pero sobrevivir no siempre fue suficiente. Recordó la primera vez que no tuvo para pagar la renta, para comprar algo que comer, la sensación de vacío en el estómago, la desesperación de no tener a quién llamar, la vergüenza de aceptar que a nadie le importaba. Llorar hasta dormir. Fue en ese momento cuando se juró que nunca más, iba a vivir de ese modo, se esforzó tanto, tuvo dos trabajos, dormía poco, se pagó la escuela ella misma, adelgazó mas de la cuenta, se enfermó y aun así continuó luchando. Hasta que un buen día, llegó a esa empresa que le ofrecía estabilidad, un lugar donde podría quedarse, para siempre. Cuando conoció a Tyler, su primera impresión fue: ‘Cielos, que guapo es’. Era tan fácil enamorarse de su físico, de su inteligencia y de esa soberbia que más que un defecto, en él, parecía una virtud. Pero parecía que siempre estaba en la cuerda floja con él, ante los ojos de Tyler, nada de lo que ella hiciera, parecía bien echo, así que necesitaba un plan b. Y fue ahí que miró otra opción de trabajo, una que no le gustaba tanto, pero que pagaba bien, solo tenía que juntar lo suficiente para comprar una casa cerca de una playa, y poner un negocio de lo que fuera, vivir cómodamente y por fin, ser feliz. La primera vez que entró al club, le temblaban las piernas. No tenía antifaz, ni peluca, ni voz firme. Era sólo una chica perdida, intentando cumplir un sueño que parecía muy muy lejano. Pero aprendió, aprendió rápido. No porque fuera un talento natural… sino porque no tenía otra opción. Con el tiempo, el antifaz dejó de ser un accesorio y se volvió un escudo, la peluca, un personaje, y el control… el control se transformó en algo que, por primera vez en su vida, le pertenecía por completo. Dominaba porque en el mundo real nunca pudo hacerlo. Daba órdenes porque era mas fácil que seguirlas. Y funcionaba, durante todo este tiempo, pudo acercarse mas a ese sueño que pronto se volvería realidad. Y ahora Tyler… Tyler estaba empezando a fisurar cosas que ella creía indestructibles. Su vulnerabilidad cuando la obedecía. Su desesperación por tenerla. La forma en que la miraba aún sin reconocerla. Eso removía algo profundo, algo que ella llevaba años evitando sentir. Bianca dejó la taza a un lado y se miró al espejo, no llevaba máscara, ni peluca, ni nada que la protegiera, solo era la mujer que había aprendido a sobrevivir a base de fuerza y orgullo. Pensó en Tyler, ella no quería necesitar a nadie, no quería depender de nadie, no quería sentirse vulnerable. Pero algo en él… esa mezcla de poder en el día y obediencia absoluta en la noche… la estaba empujando hacia un lugar peligroso. Un lugar donde el control ya no se sentía tan sólido. Bianca respiró hondo, enderezó la espalda y acarició sus labios. Debía ser perfecta, debía de ser fuerte, debía ser su Domina, no la mujer asustada que una vez no tuvo ni para pagar la renta. Pero en el fondo de su pecho, una pequeña grieta se formó. Y aunque no lo admitiera jamás… sabía quién estaba detrás de esa grieta. Tyler Hale. ………. —Si en algún momento quieres que me detenga, lo haré —dijo él suavemente —. Pero si no lo dices… continuaré. El silencio inundo el lugar. Bianca, que siempre sabía qué hacer, qué decir, qué ordenar… por primera vez en mucho tiempo no tenía respuesta, su cuerpo estaba tenso, pero su respiración era profunda, casi expectante. Y Tyler lo vio. —Solo por esta noche —dijo él para calmarla —. Déjame llevarte. Bianca bajó la mirada un segundo, un solo segundo, pero suficiente. Era una rendición diminuta… y al mismo tiempo enorme. Cuando volvió a levantarla, su voz ya no era la de la Domina. Era la de la mujer detrás de la máscara. —De acuerdo —susurró. Tyler sostuvo su mano, un gesto simple, pero que la estremeció como nunca antes. Y mientras él empezaba a tomar el control con una seguridad que la desarmaba, Bianca descubrió algo que nunca había imaginado. No era debilidad dejarse guiar, era… liberación, a veces se sentía de este modo en el trabajo, era por eso que no había renunciado, porque muy en el fondo, le gustaba, le gustaba ver como Tyler Hale la controlaba con una sola mirada. Y esa fascinación nueva, cálida, profunda, le recorrió el cuerpo como si hubiera despertado una parte de sí misma que llevaba años dormida. Algunos minutos después, Tyler la tenía sometida en la cama, totalmente indefensa, totalmente desnuda. —No te he dicho algo— dijo él mientras la admiraba, ella en verdad tenía un cuerpo increíble, sus pezones rosados y su intimidad era la mejor que él había visto. —Durante el sexo, me gusta tener el control, quiero hacértelo duro, verte gritar, pídeme que te lo haga duro. Bianca lo observaba mientras sus manos la tocaban. Él la jaló un poco y la pegó a su cuerpo. —Hazlo— ordenó. —Házmelo duro, quiero gritar de placer. Tyler sonrió ante esta sensación tan satisfactoria dentro de él, la tomó en brazos y se puso de pie mientras que ella enrolló sus piernas alrededor de su cintura. —Si eso quieres. —Si lo quiero—Dijo ella mientras lo miraba a los ojos, jamás imaginó que estaría así con su jefe, y mentiría si dijera que nunca había fantaseado con él. ¿Por qué aceptó tener sexo con Tyler Hale?, la respuesta era sencilla, pero hasta ahora, solo ella la sabía. Estaba asombrada, Tyler tenía tanta fuerza en los brazos, y ella nunca antes lo había hecho en esa posición, no estaba haciendo nada, Tyler tenía el control absoluto de su cuerpo. Cuando entró en ella, se aferró a su cuello y se mordió el labio, el modo en que él llegaba hasta el fondo la hacía sentir extasiada, su vientre cosquillaba mientras que su cuerpo golpeaba contra el de él. Fue tan maravilloso que ella se vino muy pronto, sus piernas temblaban mientras que Tyler no tenía piedad, la dejó en la cama y la puso en cuatro, tomó su corbata y la enrolló en el cuello de ella, jalando lentamente, dejándola respirar y perder el aire al mismo tiempo, mientras que la envestía con fuerza. Aquello era tan excitante para Bianca que se corrió una vez más, no tenía control de su cuerpo y era hasta cierto punto vergonzoso. Mientras tanto, Tyler golpeaba ese lindo trasero y por alguna razón, la imagen de su secretaria atravesó su mente, en ese instante se preguntó, ¿Cómo sería ella en el sexo, como sería Bianca en la intimidad?, ¿Tenía pareja?, ¿Le gustarían este tipo de cosas?, tal vez no, ella parecía demasiado…correcta, inclusive se atrevía a decir que, tal vez ella aún seguía siendo virgen. Hizo a un lado sus pensamientos, algo molesto de distraerse mientras estaba con Nyx, ahora no importaba Bianca, era mejor olvidarla, la mujer que estaba frente a él, era mejor que cualquier secretaria torpe.
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