Capítulo 11. Un nuevo deseo.

2116 Palabras
A la mañana siguiente, Tyler llegó a la oficina más temprano que de costumbre, se sentía diferente, mucho más animado qué otros días, su noche había sido fabulosa y aunque había dormido poco, había dormido bastante bien, lo cual era extraño, pero fantástico. Sentía como si algo dentro de él, algo que siempre había estado rígido, hubiera encontrado un espacio para respirar. La noche anterior lo había dejado con una sensación poderosa… una energía que no lo abandonó ni un segundo desde que salió de su casa. Ahora, sentado en su oficina, no dejaba de recordar la mirada de Nyx cuando cedió. La forma en que ella lo había observado cuando él tomó el control, él como ella siguió sus órdenes y deseos… Ella se vino tantas veces que dejaron un desastre en esa cama. Tyler cerró los ojos un instante y apoyó la cabeza contra el respaldo, siempre tuvo ganas de intentar algo así, pero nunca encontró a la persona correcta, ¿Qué fue diferente en Nyx?, él abrió los ojos y sintió esa punzada en el pecho de inconformidad, claro, Nyx le recordaba ligeramente a su secretaria, era en esos gestos pequeños, casi inexistentes, pero que él había aprendido a notar. Bianca era torpe, insegura, apenas y podía sostenerle la mirada sin que su rostro estallara en ese rubor tan encantador, pero cuando acomodaba su cabello detrás de su oreja, era tan parecida a Nyx, el mismo modo en inclinar la cabeza y mirar el suelo, y esa sonrisa, era igual. Cuando Bianca lo obedecía sin chistar, eso le causaba, placer, tal vez por eso era tan duro con ella, porque le gustaba, le gustaba tener el control sobre esa mujer. Sonrió ante la ironía de eso, era absurdo. No importaba mucho de cualquier modo, con Nyx, tenía todo lo que necesitaba, o al menos eso pensó… hasta que, escuchó risas en el pasillo, cerró los ojos y se sobó el tabique nasal. La risa ligera de Bianca, le recordó lo de la última vez, pero él había sido claro con ella, ¿No?, y de pronto. La voz masculina de Humberto se escuchó, y era tan irritante, que la idea de despedirlo le atravesó la mente como una flecha. Algo dentro de Tyler se tensó con brutalidad. Su mano se cerró involuntariamente en un puño sobre el escritorio. Tyler se levantó de golpe y salió de la oficina sin pensar. Bianca estaba en su escritorio, hojeando papeles con su torpeza habitual, mordiéndose el labio con frustración. Humberto estaba al lado, sonriendo, inclinado sobre ella más de lo necesario. —Déjame ayudarte, yo sé que documento es— dijo Humberto acercándose más. —Puedo hacerlo yo —dijo ella, sonrojada. Tyler sintió una punzada caliente en el estómago. Más intensa que la otra vez. Se acercó con pasos firmes. —Bianca —dijo con voz grave. Ella dio un brinco pequeño, lo miró totalmente asustada y se alejó de Humberto tanto como pudo. —Bu-buenos días— dijo ella sin poder evitar tartamudear, se sintió tonta, ahora su nivel de torpeza había aumentado un escalón mas. —Buenos días, señor Hale—Dijo Humberto con una sonrisa sincera en su rostro. Tyler no le devolvió la sonrisa. —¿Necesita algo? —preguntó con un tono tan afilado que incluso Bianca abrió los ojos con alarma. —Necesito un documento de… —Cuando Bianca lo encuentre te lo llevará—lo interrumpió Tyler, igual que el día anterior. Humberto parpadeó, incómodo por primera vez. —Claro… disculpe, voy a…trabajar. — Miró a Bianca, amable —. Me avisas cuando lo encuentres. Bianca apenas asintió. Tyler esperó a que Humberto se alejara y luego habló, sin suavizar ni un ápice su voz. —Ven a mi oficina. Ahora. Bianca bajó la mirada, como siempre que Tyler usaba ese tono con ella… pero algo esta vez era diferente. Ella estaba mirando al hombre que anoche la había hecho temblar sin control. Su trasero dolía un poco al igual que su cuello, pensó qué dejaría marcas, pero no, no dejó ni una pequeña. —S-sí, señor… —susurró tomando con prisa su agenda. Mientras lo seguía hacia la oficina, Tyler sentía dentro de sí una tormenta extraña. ¿Celos?, ¿Deseo reprimido?. Entraron. Tyler cerró la puerta y respiró hondo, era muy temprano para estos arranques. Bianca esperaba ser regañada. Como siempre. Pero esta vez, Tyler se quedó mirándola en silencio. Mirándola como si la conociera desde mucho tiempo atrás, con una intensidad que Bianca no entendió… pero que su cuerpo sí. Tyler avanzó un paso hacia ella, uno pequeño, pero que fue suficiente para que Bianca contuviera el aliento. —¿No fui claro la última vez?—Preguntó él. Bianca parpadeó. —Señor…no entiendo que quiere decir, no estábamos hablando más que de trabajo. Tyler se quedó pensativo, estaba siendo demasiado exagerado, estaba haciendo y diciendo cosas sin sentido, relajó los hombros y fue a su escritorio. —El próximo jueves tengo un evento, necesito que te organices porque vas a venir conmigo. —¿Qué tipo de evento señor?. —Una cena, nuestra empresa estará donando dinero para una organización de beneficencia, necesito que hagas un pequeño discurso de agradecimiento, te mandaré todo a tu correo, cuando lo tengas listo, házmelo saber. —Entiendo. —Cómprate un vestido y zapatos, mándale el recibo al contador para que lo pague la empresa. —¿Cuánto debo de gastar?. —Lo que sea necesario. Bianca asintió. —Eso es todo, puedes retirarte. Bianca asintió y salió mientras que Tyler la observaba. Ella se sentó en su escritorio y respiró profundamente, necesitaba de dejar de ver a su jefe como un objeto s****l, dejar de pensar en ese cuerpo y esa fuerza, sacudió la cabeza ligeramente y se puso a trabajar. El resto del día fue con normalidad, y para su mala suerte, aquella tarde, su período por fin llegó, nunca antes se sintió tan triste. Sacó su teléfono personal y escribió un mensaje rápido. “Esta noche no puedo verte, pospongámoslo por cuatro días”. En su oficina, Tyler leyó aquel mensaje y respondió: “¿Por qué?, ¿Te hice sentir mal anoche?”. Bianca se mordió el labio inferior, ¿Hacerla sentir mal?, ella negó para si misma. “No, es por una situación de chicas, tienes que aprender a ser paciente Tyler”. Tyler enarcó una ceja y sonrió, entendía perfectamente a que se refería. “Como usted ordene”. “Pórtate bien hasta entonces, o voy a castigarte”. Tyler sintió una hormigueo en la nuca, resopló y pensó que estos días debía de ocuparlos para ejercitarse correctamente, tal vez así, no pensaría tanto en ella. Dos horas después, Bianca entró con cuidado a la oficina de Tyler. Llevaba una blusa de seda blanca, un poco más ajustada de lo habitual, y una falda de lápiz negra. —Señor Hale… aquí tiene el discurso que me pidió — la voz de Bianca lo sacó de sus pensamientos. Al inclinarse para dejárselo sobre el escritorio, el aroma de su perfume, ese aroma que él ya no podía ignorar, llenó su espacio personal. Tyler soltó el bolígrafo. El sonido del metal contra la madera sonó como un disparo. —Bianca, siéntate —ordenó él. No fue un ruego, fue un orden. Ella obedeció, cruzando las piernas con un movimiento que hizo que la falda subiera un par de centímetros por encima de sus rodillas. Tyler clavó la vista en ese trozo de piel. Sus dedos picaban por la necesidad de tocarla, de comprobar si era tan suave como la de la mujer que lo dominaba en las sombras. —Si hay algo que quiera cambiar, solo dígamelo— dijo ella, ajustándose las gafas. Ese gesto, tan inocente y tan irritante a la vez, lo sacaba de quicio. —Hay algo que me preocupa —dijo él, levantándose y rodeando el escritorio. Se detuvo justo detrás de ella—. No quiero ser entrometido, pero, ¿Acaso te gusta Humberto?. —¿Qué?, no, para nada— respondió ella tratando de verlo de reojo, pero no pudo ver su rostro, aquella pregunta no se la esperaba, así que respondió igual de rápido, sin pensar. —¿Me pregunto si, es que el departamento de análisis no tiene suficiente trabajo o es que tú tienes demasiado tiempo libre?. Bianca se tensó. Podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Tyler detrás de ella. —Él es... amable— dijo ella. —"Amable" —repitió Tyler, con una pizca de veneno en la voz. Se inclinó, apoyando las manos en el respaldo de la silla de Bianca, —. No me interesa si es un santo. Eres mi asistente personal. Tu tiempo, tu atención y tu enfoque me pertenecen a mí de nueve a seis. ¿Fui claro?, hagamos algo, nueva regla, no romances entre empleados, has que recursos humanos lo implemente a partir de mañana. Bianca tragó saliva. Podía oír la respiración pesada de Tyler cerca de su oído. Era la misma cadencia que escuchaba en la habitación roja, pero aquí, él era el cazador. —Sí, señor Hale. Tyler no se alejó. Sus ojos recorrieron la nuca de Bianca, subiendo por la línea de su mandíbula. Estaba tan cerca que podía ver el pequeño pulso acelerado en su cuello. El impulso de morder ese cuello, de marcarla como suya frente a todo el edificio, fue tan fuerte que tuvo que apretar los puños hasta que le dolieron. Contrólate, Hale. Es solo tu secretaria, se dijo a sí mismo. Pero su cuerpo no estaba de acuerdo. —El sábado en la gala —susurró él, su voz volviéndose peligrosamente baja— Estarás a mi lado todo el tiempo. No quiero sonrisas, no quiero charlas "amables" con nadie. Vas a representar a esta empresa, y vas a hacerlo bajo mis términos. Bianca se giró un poco, enfrentando su mirada. Por un segundo, la sumisa Bianca desapareció y Nyx se asomó por sus ojos, desafiante. —¿Y cuáles son sus términos, señor?. Tyler sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Esa chispa de desafío fue como un latigazo de adrenalina. Estuvo a punto de tomarla por el cuello de la blusa y besarla allí mismo, sobre el escritorio lleno de contratos, mandando el profesionalismo al diablo. Pero en el último segundo, recuperó el juicio. Se enderezó bruscamente y se alejó dos pasos, dándole la espalda. —Mis términos son la excelencia, Bianca. Nada más —dijo, aunque su voz aún temblaba un poco—. Ahora vete. Y asegúrate de que ese vestido que compres sea digno de la marca Habill. No aceptaré menos que la perfección, que se note el profesionalismo. Bianca se levantó, temblando apenas. —No lo decepcionaré, señor Hale. Cuando la puerta se cerró, Tyler golpeó la pared con el puño. El dolor físico fue lo único que logró silenciar el deseo posesivo que le gritaba que esa mujer, de alguna forma que no lograba explicar, ya era dueña de cada uno de sus pensamientos. Bianca salió de la oficina de Tyler con el corazón martilleando contra sus costillas. ……. Esa misma tarde, Bianca no fue a las tiendas de siempre. Si Tyler Hale quería que representara a la empresa, y si la empresa pagaba, ella no iba a ser la “secretaria torpe” por una noche. Entró en una boutique exclusiva en la Quinta Avenida. Al principio, la dependienta la miró con condescendencia al ver su ropa de oficina y sus gafas baratas, pero en cuanto Bianca mencionó el nombre de Habill y la cuenta corporativa de los Hale, el trato cambió a una cortesía casi servil. Se probó varios modelos, hasta que lo vio. Era un vestido de seda color azul, con una caída impecable que recordaba a las sábanas de la habitación roja de Tyler. Tenía la espalda totalmente descubierta. Bianca se miró al espejo y se quedó sin aliento. Sin las gafas y con el cabello recogido, la mujer que le devolvía la mirada no era Bianca, la asistente. Pero tampoco era Nyx, la Domina. Era alguien en el medio. Alguien que empezaba a disfrutar demasiado del juego. —¿Señorita? —preguntó la dependienta—. ¿Se lo envuelvo? —Sí —respondió Bianca, sintiendo un escalofrío—. Y cargue estos tacones de aguja a la misma cuenta, necesitaré la factura. No importaba como, ella quería verse bien, quería que él viera a Bianca, como veía a Nyx, con esa devoción y ese respeto, que le causaba tanta satisfacción, ¿Qué se sentirá?, pensó, sin duda, quería saberlo.
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