Bajo las escaleras y con lo primero que me encuentro es con ella parada a dos metros de las escaleras con unas maletas hablando con uno de los guardias de la casa. —¿Ya te vas? —pregunto acercándome sonriente. Ella se gira hacia mí sonriendo con satisfacción. —No, convencí a Leonardo de lo incómoda que me siento en esa habitación y me permitió instalarme en una de las de arriba —aclara. Aprieto mis puños fuertemente de la rabia, mi cara palidece pero no se lo demuestro. —¿Eso crees? —ella me ignora e intenta subir, pero me coloco en el primero escalón evitando que suba. —. Leonardo no puede tomar decisiones sin consultarme, pero eso sólo pasará cuando yo no esté aquí porque no pienso seguir compartiendo el mismo techo que una como tú —la miro de arriba abajo. Ella se acerca a m

