Al día siguiente Algunas casas tienen memoria. Lo pienso mientras el auto se detiene frente a la puerta de la casa donde Valentina creció. Han pasado muchas horas desde que salimos de Milán: un vuelo largo, una cena rápida para despejarnos del cansancio y luego este trayecto silencioso hasta aquí. Sin embargo, en el momento en que ella se queda quieta frente a la puerta, comprendo que el viaje más largo no fue el del avión. Fue el de regresar a este lugar. La observo mientras sostiene las llaves. Está nerviosa, aunque intenta disimularlo. —Me gusta —comento con sinceridad. Ella gira hacia mí con una sonrisa leve. —¿Me dirás que no conocías esta casa? —Por fuera… —respondo—. Aunque supuestamente vine aquí cuando era pequeño. No recuerdo demasiado. Lo digo sin dramatismo. Hace tiemp

