La mañana se le nota encima incluso antes de que me lo diga. Lo veo en sus hombros, en la forma en que entra a la empresa con ese paso firme que ha aprendido a usar aunque por dentro esté cansada. Sé que ha ido al médico, sé que ha pasado por la farmacia y sé que llegar tarde hoy no fue un capricho. Yo estoy en otra ala del edificio revisando números cuando la veo cruzar el pasillo rumbo a su oficina. Instintivamente miro el reloj. Instintivamente quiero ir tras ella. Pero no lo hago. Unos minutos después, me cruzo con Matteo Ferraz saliendo del ascensor. No me gusta su expresión. No me gusta que venga del piso donde solo están nuestras oficinas. —¿Qué hacía Matteo aquí? —le pregunto a Valentina apenas entro a su despacho. Ella levanta la mirada y me regala esa sonrisa que siempre me d

