Ayer fue… No. “Mágico” se queda corto. Jugar al tenis con ella, verla reír, verla correr hacia mí cuando logró el saque perfecto… nadar juntos, cocinar juntos, terminar besándonos contra la encimera, contra las paredes, en el jardín… Cada instante fue una prueba de que estoy completamente perdido por Valentina Ferrara. Y hoy, cuando despierto y no está en la cama, siento ese impulso instintivo —casi ridículo— de buscarla. La encuentro en la cocina. Hablándose sola. Con ese camisón que debería estar prohibido. Con el cabello suelto y esos nervios que le hacen caminar de un lado a otro como si pudiera evitar el futuro a fuerza de movimiento. —¿Hablando sola, amore mio? —le digo. Ella se gira, y la expresión que pone cuando me ve… Dios. Ese gesto podría salvarme o destruirme en un segun

