Valentina nunca fue buena para mentir. No de verdad. Puede intentarlo, sí. Puede sonreír un poco más, responder rápido, esquivar miradas… pero hay algo en ella que siempre termina delatándola. Sus ojos. La manera en que evita sostener la mirada cuando algo la incomoda. El silencio que aparece justo donde debería haber una broma. Lo noté desde la reunión con la wedding planner. Demasiado callada. Demasiado correcta. Como si estuviera cumpliendo un papel en lugar de disfrutarlo. Y yo, que llevo años aprendiendo a leer a las personas porque de eso depende mi negocio, no necesito demasiado para saber cuándo la mujer que amo está cargando algo que no quiere decir. Durante la cena fue evidente. Le pregunté varias veces si se sentía bien. Perdí la cuenta, pero sé que fueron demasiadas. Cada

