Sobre la nieve sus pasos se sentían pesados, de prisa llegó hasta donde se encontraba Violeta queriendo tocar sus hombros. – Fue una emergencia. – ¿Qué? Demián siguió su mirada hacia el lugar dónde debían estar las flechas. – Admito que mis intenciones no compensan mis faltas – frunció los labios – pero mis errores pueden ser nuestra salvación, conseguiré una flecha que no haya impactado en el blanco. Por momentos como esos Demián era capaz de decirlo en voz alta, ¡odiaba a Violeta Daemonium! Un asesino entrenado estuvo a punto de matarla y lo que a ella le importaba, era que se quedaron sin flechas para asesinar al rey Edwards, ¡no era posible ser tan inconsciente!, él sintió que su corazón se detenía o que no iba a llegar a tiempo y ella ni siquiera se dio cuenta de que estuvo a un