Realmente es un día tranquilo, con un clima fresco y solo la vista del cielo es lo bastante hermosa como para justificar la trampa de osos en la que me metí. – Santidad, ¿es su primera vez cabalgando? – Sí – lo admite con una sonrisa – vi muchos caballos y alimenté uno, una vez – desvía la mirada. – De casualidad, no pudo hacerlo y alguien más la ayudó. – ¿Cómo lo supo? Está escrito en todo su rostro – soy buena adivinando. El bosque está a nuestra izquierda y hay un camino seguro que sigue en paralelo al sendero que va a la plaza del festival de invierno, desde aquí tenemos una hermosa vista de los árboles y suficientes horas de sol para llegar al mirador y volver. Los árboles altos, las aves y las nubes arremolinadas son todo lo que nos rodea mientras avanzamos de forma lenta. –