Ya no sé quién miente y quien dice la verdad, ayer había creído en lo que mi supuesta madre y su esposo me dijeron, pero ahora este hombre dice todo eso y parece ser muy sincero, aparte, pareció como si leyera mi mente. La lluvia empezó a caer en gotas gruesas, primero pocas y luego una ráfaga que empapaba todo mi cuerpo. Las gotas chocaban contra mi piel y maltrataban, apresuré el paso, ojalá no pesque un resfriado. Los truenos eran cada vez más fuertes, así que corrí hasta llegar a casa. Entré mojando todo el suelo, Betty estaba en la sala y al verme puso cara de horror. "Dios mío, mira como estás, debes quitarte esa ropa, sino puedes enfermarte," me haló del brazo y subimos hasta mi habitación. Ya en el baño, me saqué toda la ropa mojada y me di una corta ducha con agua caliente. Sa

