Capítulo 21

1990 Palabras
Mercedes Esta noche estaba llena de rabia hasta pensé que sin duda Julián tenía algo que ver con Virginia, aunque lo negara, yo estaba segura de ello, pude notar su mirada de deseo y como se pone cuando le hablo de ella y ella también. Hay algo entre ellos, tal vez no lo hayan consumado aún, pero sé que se atraen, es demasiado notorio. Por eso me acerqué a ella en un principio, soy mujer y sé darme cuenta cuando un hombre está interesado o no, desde el primer día, por la forma en como hablaba de ella cuando la llevó al hospital supe que le había provocado algo. Cuando la vi por primera vez entonces lo supe, estaba perdida, si ella estaba revoloteando alrededor de Julián, estaba perdida, me sentía tremendamente opacada frente a ella, es terriblemente hermosa, la muy perra parece que fue bendecida por los ángeles, o tal vez por el mismo satanás. Nunca me había sentido insegura hasta tenerla de frente. Por eso, no me sorprende su repentina atracción hacia ella, ella es una mujer hermosa, muy hermosa, pero Julián, él siempre ha sido tan correcto que no pensé que fuera a hacer esto, no a mí que he estado con él por años. Sus virtudes no están solo en su belleza exterior, también incluye su forma de actuar, de proceder, su manera tan segura de sí misma, imponente, capaz de atraer la atención de todos sin siquiera hacer nada, no titubea, es inteligente y astuta, a veces siento que, en lugar de una mujer, me observa una serpiente venenosa. Sin embargo, dejé todas esas cosas de lado, todos mis problemas para ayudar a mi madre. Acepté ir con mi madre a enfrentar a esa mujer que acabó con mi familia, Marcela Vásquez, ahora entiendo como mi madre se sentía al saber que mi padre la engañaba con esa mujer y sentir que no podía hacer nada al respecto, que por más que lo intentara tenía las de perder, acepté ir con ella a ese barrio de mala muerte donde supuestamente vive esa mujer suela. Estábamos en el barrio n***o, y entre las prostitutas buscamos a Marcela, pero nadie dijo nada, más bien nos ignoraban con tan solo escuchar su nombre, era como si temieran de ella, estuvimos así por un par de horas, ya habíamos decidido irnos a casa cuando unos hombres se nos acercaron y sacaron armas, estaban encapuchados y no podía ver sus rostros. Mientras estábamos con las manos sacando todo lo que teníamos pude ver una sombra a lo lejos y rogaba porque estos tipos no nos mataran, la sombra se fue acercando hasta que llegó hasta donde nosotros y habló, reconocí su voz inmediatamente y tengo que admitir que es la primera vez que me siento tan alegre de escuchar su voz. - ¿Qué está pasando aquí? - Su voz era fuerte y autoritaria e imponente, demandante. - ¿Mercedes? ¿Chicos? ¿Qué hacen? Bajen esas armas, ella es una conocida. – Inmediatamente ellos la obedecieron. - Está bien, Rosa. - Me quede sorprendida y confundida ¿Le llamaron Rosa? Se hicieron a un lado dejando ver a la dueña de la voz que nos salvó de ser asaltadas y posiblemente asesinadas o violadas. - ¿Están bien? - Nos preguntó acercándose a nosotras y estudiando si teníamos alguna herida, pude ver como fulminó a los ladrones con la mirada, pero no dijo nada. - Estamos bien, gracias Virginia. - Mi madre me miró igual de confusa que como yo estaba, o sea, en ningún momento nos esperábamos nada de esto y menos que Virginia nos salvara. ¿Qué carajo hacía aquí? ¿Por qué ellos la habían obedecido así de fácil? - No sé porque están aquí, pero... - No continuó porque se giró a enfrentar a los asaltantes que seguían como si nada. - ¿Y ustedes? — Preguntó a nuestros asaltantes. - Rosa ellas estaban preguntando por la Marce, digo Marcela. -  Pude ver que Virginia perdió el color en su rostro se puso pálida ¿Ella también le tenía miedo? Porque eso era lo que había detectado en cada uno de los rostros de las personas a las que le preguntábamos por esa mujer. Miedo, pánico, terror. ¿Por qué? - Yo me encargo, chicos, gracias por no hacerles nada y adiós. – Ordenó y ellos sin decir más se fueron, pero uno de ellos antes de irse se detuvo y nos miró por encima de su hombro. - Estaremos alerta, Rosa. - Fue un susurro, pero logré escucharlo y ella asintió. - Bueno... vamos a mi casa. - Nos dijo a mi madre y a mí que automáticamente la seguimos pues, era más seguro estar con ella. Eso estaba más que demostrado. - No sabía que vivías aquí. - Le dije, algo completamente cierto. - Si, aquí vivo y ellos son unos amigos, algo distanciados, pero lo son. - Alzó los hombros e hizo una mueca que me pareció graciosa. – Discúlpenlos, no son malos chicos, solo son precavidos, ellos son así con el tema de Marcela. No son malos chicos, repito y solo nos protegen a todos los de este barrio de extraños, nunca se sabe las malas intenciones que puedan tener las personas. – Pude notar un tono diferente en esa última frase, como si hubiera algo oculto en ellas. Caminamos unos minutos hasta su casa y al llegar nos invitó a pasar. - Este es mi humilde hogar. - Dijo mientras entrábamos - No es nada comparado con los lujos que ustedes están acostumbradas, pero espero que se sientan a gusto. Tomamos asiento en los muebles, y si, era una casa pequeña pintada de verde con solo lo necesario, nada extravagante. Solo ella, era la única en esta casa que se podría decir resultaba exuberante. - Al fin llegaste Mar... - Salió una muchacha de uno de los cuartos, tenía lentes, los cuales le quedaban muy bien y vestía un vestido que llegaba hasta sus rodillas con unas sandalias y el cabello castaño con mechas rubias recogido en una coleta. - Virginia. – Se veía sorprendida de vernos allí. - Vanessa ellas son Mercedes y Ámbar Cepeda. - Nos presentó, la chica puso una rara expresión que dejé pasar y de acercó a nosotras a saludar. Aunque parecía nerviosa. - Mucho gusto. - Susurró en una voz baja, casi inaudible. - No sabía que tendríamos visita ¿Quieren tomar algo? - Nos dijo. Al verla no pude evitar cuestionarme ¿Por qué ella era así? Virginia se veía tan segura mientras que esta chica era inseguridad por todos lados. - Un poco de agua estaría bien por el susto, con un poco de hielo, por favor. - Pidió mi madre, ella se retiró y nos quedamos nosotras tres en la sala. - Virginia, ¿Porque te pusiste pálida cuando uno de los... chicos nombró a Marcela? - Le preguntó mi madre sin atreverse a decir uno de los asaltantes. Al parecer no fui la única que notó como parecía habérsele drenado la sangre a Virginia. - Es que ... - Dudó antes de responder, como si este tema la pusiera nerviosa. - Es que Marcela y yo éramos buenas amigas, como hermanas y ella ahora... - Tomó una espiración profunda y luego continuó. -  Ahora está... muerta. - Mi madre y yo nos miramos sorprendidas. - La encontraron hace un par de semanas, le dieron unas 3 puñaladas. - Su voz cada vez se volvía más baja con cada palabra, parecía haberle dolido mucho su muerte. - Nadie sabe quién lo hizo o por qué, por eso los chicos actúan así, Marcela era muy querida en este barrio, ayudaba a todos y su muerte sigue siendo un misterio, no sabemos si fue una venganza o algo parecido, seguro que pensaron que ustedes tenían algo que ver y por eso la buscaban. - Lo siento, Virginia. - Le dije sosteniendo su mano que había empezado a temblar levemente. Marcela podría ser una desgraciada, pero Virginia no había engañado a nadie y estaba sufriendo por culpa de esa mujer que no sé si alegrarme por su muerte. - Pues yo no. - Dijo mi madre sin más. - Ella era una mujer sin escrúpulos. - Le agregó muy segura de lo que decía y pensé en mandarla a callar, estábamos frente a alguien para quien Marcela era importante. - Lo sé señora, pero eso no le da el derecho de hablar así de ella, Marcela fue una persona que sufrió mucho. - Virginia se puso de pie indignada, y no era para menos. - ¿A qué te refieres con eso? - Indagué yo. Virginia se movió unos pasos hasta darnos la espalda. - Perdió a sus padres cuando tenía 15 años y por eso se dedicó a esa mala vida, pero claro, es demasiado para su entendimiento porque nació en cuna de oro. -  Respondió Virginia repentinamente molesta, señalando a mi madre que no sabía que decir y solo boqueaba como un pez, en eso llegó Vanessa y le dejó el agua a mi madre. - Gracias. - Dijo mamá sin mirar a Virginia, creo que se sentía avergonzada, Vanessa asintió y se marchó - ¿Entonces tú eras amiga de Marcela? - Si, estuvimos distanciadas un tiempo porque ella no quería dejar la vida fuera de la ley, pero hace un par de meses retomamos la amistad y luego pasa eso, nosotras nos parecíamos en algunos rasgos, por lo que Vanessa a veces me confunde con ella... también era su amiga y aún no acepta su pérdida, Marcela todo el tiempo fue mal entendida. - Explicó y la verdad yo ya no sabía que pensar. - Bueno, nosotras tenemos que irnos, Virginia, gracias por todo. - Dijo mi madre más que incómoda por la situación, yo me despedí de ella con un leve abrazo y nos fuimos de la casa. Al llegar a casa mi padre estaba en la sala de estar tomando whiskey y mi madre no se contuvo al verlo y le dijo: - Ahora lo entiendo todo. - Mi padre frunció el ceño sin entender a qué se refería. - Por qué dejaste tus andanzas nocturnas. - ¿De qué hablas ahora Ámbar? - Preguntó mi padre con fastidio. - Hablo de que ya no sales en las noches porque Marcela Vásquez está muerta. - Pude ver como mi padre puso los ojos en blanco y luego pasó a ser asombro. - ¿Qué? - La alarma en su voz era tal que no pude soportarlo. - Eso mismo, estuvimos en el barrio n***o y allí nos enteramos de que esa mujer suela está muerta, al fin tendremos liberación de tus salidas. - Le dijo mi madre demasiado tranquila. - ¡No sé qué es lo que ustedes hacían allá, saben bien que es un lugar muy peligroso y que esa mujer esté muerta o no a mí no me concierne en nada! - Le gritó mi padre de vuelta. Quería irme a mi cuarto, pero no podía ni moverme. - Pues, eso es lo que tú dices, cuando ambos sabemos que no es así y... - La interrumpí. - ¡Ya basta!, estoy harta de sus gritos y sus discusiones, me tienen hasta el tope. Mamá si ya esa mujer está muerta tranquilízate y papá me gustaría que ya dejaras de portarte como un canalla. - Me iba a decir algo, pero no lo dejé. - Así como lo escuchas, un canalla, si ustedes no dejan sus peleas les juro por lo más sagrado que me voy de la casa y no me van a volver a ver. Sin más que decir me retiré a mi cuarto escuchando los gritos de mis padres llamándome, pero no les respondí, solo me encerré y me eché en la cama para intentar dormir un poco, estaba cansada de todo esto.
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