Capítulo 22

2471 Palabras
Marcela (Virginia) No sabía que pensar después de lo que pasó anoche con Mercedes y su madre, debí dejar que los chicos las mataran así me libro de una vez por todas de Mercedes y tendré a Julián para mí, lo acepto, estoy encaprichada con él, lo quiero solo para mí, quiero que sus ojos solo me vean a mí, que no exista nada en su mundo más que yo, quiero ser el centro de todo en él, me gusta y no sé como le voy a hacer para fingir si tan solo teniéndolo cerca siento tantas cosas. Me emociono, me siento feliz, me siento viva, sonrío sin querer y si lo veo triste, yo también me siento triste y preocupada. Anoche no pude dormir, otra vez, talvez la forma en la que hablé de mí misma me hizo efecto como una droga, solo que esta vez se llamaba conciencia que no hace más que hacerme sentir remordimiento, algo que yo nunca siento. Dejo de quejarme y me pongo a pensar en lo que de verdad importa. Hoy, hay una fiesta en casa de los Gandara, la fiesta de cumpleaños de la señora Emma, y me invitaron claro, pero sé que la señora Emma trama algo porque no me soporta, eso lo pude percibir en los pocos minutos que compartimos miradas, me odia, y la verdad que eso es bueno porque es mutuo, aún no he hecho nada para que me odie, pero parecía que mi mera presencia le agradara tanto como la de un gusano en su comida, sí así mismo, la cara de asco que puso, como si estuviera oliendo mierda lo dejó bastante claro. Estaba segura de que me había invitado a su cumpleaños porque tramaba algo en mi contra, Bueno, el sentimiento es mutuo. Me iba a encargar de que toda la atención se posara en mí y no en la festejada, considerando lo ególatra que era, no ser el centro de atención en su propia fiesta iba a ser como una patada en el culo para ella. Me estaba preparando para la fiesta, que la habían hecho con temática de colores, las mujeres debían ir de rosado, mientras los hombres de azul, yo había decidido ir de n***o, un vestido n***o con un abierto en la pierna izquierda, el vestido era largo y la abertura llega desde el borde hasta dos manos encima de la rodilla, tiene una sola manga, unos tacones negros muy altos, me puse un collar de brillantes que tienen un juego de aretes y una pulsera, me maquillé de acuerdo a la fiesta, sin mucho maquillaje, pero tampoco sencillo y mi labial rojo intenso efecto mate, para terminar me hice el cabello a un lado, del lado contrario de la manga para ser exactos y me lo ondulé. Estaba lista. Ya era la hora de irme y llamé un taxi para dirigirme hasta la casa de los Gandara, llegué en unos minutos, pues no había mucho tráfico a esa hora. Desde afuera pude ver varios autos aparcados, y el jardín de la casa estaba lleno de personas de un alto nivel, todos refinados, elegantes y con prendas de vestir de las mejores marcas, normalmente iban en parejas, pero yo no necesitaba a nadie. Respiré profundo y me adentré en la casa, justo como esperaba desde que puse un pie en el jardín todos me miraron, algunos, o mejor dicho, la mayoría, empezaron a criticarme, yo solo sonreí a todos como si nada, así que cuando estuve dentro los rumores ya eran más fuertes que la aburrida música de piano que había en aquel lugar y que segundos después de yo entrar se silenció, pude ver como desde el fondo del salón Mercedes y Emma, ambas vestidas de un rosa pastel ridículo me miraron con los ojos y la boca abierta, justo lo que quería, era el centro de atención. Por dentro se veía muy lujosa, como toda mansión, aún con las decoraciones festivas, la música suave que se volvió a escuchar por todo el salón cuando Emma se acercó al señor que se encargaba de tocar el piano en una esquina, y todos volvieron a sus cosas, sonreí victoriosa y caminé hasta el jardín trasero donde estaban casi todos los invitados y no voy a negar que me asombré de ver tanta elegancia junta. Volví dentro de la casa y busqué un lugar donde sentarme, era mejor que estar entre esos buitres, porque eso es lo que son todos esos riquitos, unas víboras doble cara. Por mi parte no tenía a nadie con quien hablar, aunque conocía a varias personas ninguna me simpatizaban, busqué a Julián con la mirada y lo localicé con Mercedes enganchada de su brazo, llevaba una camisa azul y un jean del mismo color, cada prenda se le ajustaba perfectamente a su cuerpo, pero el look era arruinado con cierta pelirroja que parecía una sanguijuela. Dios, esa mujer tiene problemas de posesividad. Por suerte me encontré con Becky quien estaba igual de sola que yo, por lo que decidimos hacernos compañía la una a la otra. Hablamos de todo un poco y bebimos hasta que ella se emborrachó, me contó lo que había escuchado sobre mi atuendo y quedé complacida al saber que le había ocasionado la impresión buscada, no me sorprende que se haya emborrachado, si llevaba tomando desde mucho antes que yo y bastante rápido, además de que yo resisto más que ella pues he usado hasta drogas, el alcohol no me hace nada.  Ambas estábamos hablando cuando un tipo se nos acercó, rubio, ojos verdes y no voy a negar que es guapo, pero no es mi tipo por lo que cuando me invitó a bailar una de las canciones que tocaba la banda clásica que contrataron los Gandara me negué, así qué invitó a Becky y esta sí aceptó por lo que me dejó igual que al principio, sola. Me dispuse a pasear por la casa para conocerla mejor y de paso ver que descubro, di vueltas y vueltas por toda la vivienda hasta que llegué a la cocina que sorprendentemente estaba vacía, la recorrí con la mirada hasta que me detuve en una pintura muy bonita, tenía una mujer con una rosa negra en las manos y se veía a varios hombres a sus pies como si ella fuera una diosa. De repente sentí que me halaron del brazo tomándome desprevenida y cuando reaccioné ya estaba en la pared con alguien haciendo presión a mi cuerpo. Marcos Estaba en la fiesta de Emma, aunque estaba algo aburrido, Ámbar estaba conmigo, pero aun así no me sentía bien en ese lugar, había muchos conocidos, pero es mejor centrarse en la fiesta que en las personas que hay en ella, aunque eso no quita que este vigilando a mi hija y a Julián de vez en cuando. Sinceramente Mercedes no se comporta muy bien, se ha pasado desde que llegamos pegada a Julián y eso se ve que lo molesta un poco o talvez mucho y yo en su lugar estaría igual, cuando miro a Julián veo que su mirada está dirigida a una mujer que se encuentra sentada en uno de los muebles bebiendo con Becky, él está ignorando por completo a Mercedes entonces me acuerdo de lo que ella había dicho sobre que Julián la estaba engañando con una tal Virginia. En ese momento Ámbar toca mi brazo sacándome de mis pensamientos, hace rato que dejé de escucharla porque no paraba de hablar sobre la tal Virginia que la parecer era la sensación en la fiesta porque había roto la regla de venir con el color de vestuario indicado, debido a su interrupción de mi ensimismamiento decido preguntarle. - Ámbar ¿Quién es esa tal Virginia? - Ella frunce el ceño en señal de confusión. - Quiero saber quién es la mujer que salvó a mi hija y a mi esposa de unos maleantes, además de que todos hablan de ella y no tengo idea de quien es. – Al parecer cuando esa mujer hizo acto de presencia yo estaba en el baño porque justo cuando volví que Ámbar empezó a hablar al respecto, le toco la mejilla en una leve caricia, ella se voltea y se pone a mirar a todos lados, luego me mira y señala. - Es ella, la que está hablando con Becky. - Dice, entonces caigo en cuenta de que Julián si está interesado en ella, por como la miraba me quedó bastante claro.  Me quedo observándola bien, siento que hay algo familiar en ella, pero no puedo distinguir bien nada porque se encuentra de lado y muy entretenida en Becky. Debí imaginarme que era ella la mujer de la que me había hablado Ámbar porque era la única vestida de n***o en aquel lugar, y me parecía divertido que se burlara tan abiertamente de la ridiculez que era esta fiesta.  Un mesero pasa por su lado y las dos se giran para tomar una copa y es entonces cuando le veo el rostro y mi mundo se paraliza, no sé cómo respirar. Olvido incluso donde estoy, no escucho nada y no veo nada más que a ella. Los latidos de mi corazón se han detenido y cuando vuelven a su función van tan rápidos que siento que se me va a salir por la boca y que todo el mundo está escuchando el retumbar de este. ¡No puede ser es ella! Marcela. Ella está viva. Está viva y está aquí. Está aquí en la fiesta y al parecer conoce a todos los relacionados conmigo. ¿Estará aquí por mí?  ¿Por qué se hace llamar Virginia? ¿Qué hace aquí exactamente? ¿Por qué se hizo pasar por muerta? Miles de dudas llegan a mi cabeza y siento que me mareo así que le aviso a Ámbar que voy a tomar un poco de aire y esta me deja y se va a hablar con unas amigas. Mi mirada se queda fija sobre Marcela y decido acercarme porque no aguanto un segundo más, tengo que hablar con ella y sacarme todas estas dudas de mi mente, antes de llegar a ella un tipo se le acerca e invita a Marcela a bailar, pero esta se niega por lo que invita a Becky la cual, si acepta, me hace sonreír esa actitud porque sabía que Marcela se iba a negar, él no es su tipo. Aprovecho para acercarme a ella un poco más y hablarle, pero antes, miro a Julián para percatarme de que no me vea y por suerte está hablando con Mercedes que de un modo u otro logró llamar su atención. Cuando estoy a solo unos pasos de ella se pone de pies y empieza a caminar por la casa, yo la sigo en todo el trayecto hasta que se detuvo en la cocina, la analizó y se detuvo a mirar una pintura que enserio es intrigante, pero yo estoy acostumbrado a verla y ya no me llama la atención. La tomé del brazo y la puse entre la pared y yo con un leve empujón, pero algo brusco porque pude escuchar un gemido de dolor salir de sus labios. - ¿Tú? - Fue lo que me dijo mientras me miraba intrigada. - ¿Sorprendida? - Pregunté, aunque el sorprendido de verla aquí era yo. - Porque yo lo estoy más, ya que se supone que estás muerta. - Le dije presionándola más - ¿Qué haces aquí Marcela? - Eso no es asunto tuyo. - Me miró desafiante. – Y no estoy para nada sorprendida, esperaba verte en cualquier momento. - Claro que lo es, estás cerca de mi familia y trabajas con mis amigos. - Ella rodó los ojos y bufó. - Exacto, con tus amigos no contigo. - Me dijo sin dejar de mirarme con esos ojos que me calaban a lo más profundo. - Ya veremos cuanto tiempo duras porque todo tu teatrito se va a caer. - Ella levantó una ceja sin mostrar miedo alguno. - Le voy a decir a todo el mundo la verdad sobre ti. - Entonces se rio con burla. - Por favor Marcos, no me hagas reír, tú no vas a decir nada. - Dijo en tono de voz retador, ese que la caracterizaba siempre, que hacía ver lo indomable que era. - ¿Estás segura? - Pregunté y ella volvió a reír. Parecía divertirse con la situación. - Si le dices algo a alguien ten por seguro que todo el mundo se va a enterar de quien es en realidad Marcos Cepeda y toda la farsa que ha hecho, conozco todo de ti Marcos. - Se encogió de un hombro y miró sus uñas. -  Además, dudo que le vayas a decir a tu esposa que la mujer que le salvó la vida era tu amante ¿Que diría tu hija? Se sentiría defraudada por acostarte con alguien de su misma edad. - Me dijo sin titubear y sin un solo signo remordimiento. Esta mujer era el demonio personificado. - Tú no dirás nada de lo que sabes Marcela. - La presioné más con mi cuerpo provocando otra queja de su parte. La verdad no me convenía que ella hablara. - Yo, no tengo nada que perder, Marcos. Mi vida está en la calle y tú, no sabes de lo que soy capaz, Marcos y te recomiendo que no lo averigües. - Se soltó de mi agarre con un empujón. - No querrás que tu queridísima hija pague las consecuencias. - El tono de su voz me decía que no estaba jugando. - No te metas con mi hija, Marcela. - Le exigí. - Siempre y cuando ella no se meta conmigo. - Me respondió en un tono frío. - Y ya lo está haciendo. - Si le haces algo a Mercedes te juro...  - Me interrumpió. - ¿Qué?  ¿Me vas a denunciar?  Pues nos vamos los dos, querido. - Me respondió con una sonrisa que prometía mucho, no me quedó más que mirarla con desprecio. - Tú tampoco me conoces. - Le dije tratando de intimidarla. - Que miedo. - Se burló una vez más. - Me das pena Marcos, siempre mendigando. - Sin decir más se retiró de la cocina a paso firme y sin mirar atrás Odio esa mujer, estoy tan arrepentido de todo lo que hice antes, fueron años acostándome con ella y sabe todo de mí, sabe demasiadas cosas, será mejor que busque la manera de librarme de ella antes de que haga ella lo mismo conmigo y juro que voy a descubrir que es lo que planea. Pero debo tener cuidado si hay algo que sé de ella es que cuando una piedra se le atraviesa en el camino la quita de cualquier manera.
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