El consejo terminó en puro caos. Ningún veredicto. Ningún cierre. Solo tres días de espera, colgando como soga al cuello. Mierda. Nada estaba dicho aún, y ya sentía que me iba a romper. “Oposición insuficiente,” escuché al Jefe declarar. La sala se llenó de movimiento. Algunos frustrados porque no se aprobó, otros celebrando, otros solo observando cómo se desarrollaría lo que seguía. Pero pude notar que la mayoría me miraba con rabia… sobre todo los Alfas. Los que querían seguir mandando sobre sus Lunas y Omegas. Sentían que yo les estorbaba, que les quitaba el control. Si lo lograba, sus cimientos se tambalearían, y las Lunas que habían machacado se irían por sus propios medios. Ellos no le temen al cambio. Le temen a perder su poder. Su dominio. Sus miradas eran puñales.

